María Gómez Patiño: “Luciérnagas en la Toscana es una novela escrita con el corazón”

Una narradora que descubre un manuscrito familiar, dos territorios que dialogan y tres generaciones unidas por la memoria: así late la nueva novela de María Gómez Patiño, Luciérnagas en la Toscana.

María Gómez Patiño, en la redacción de Hoy Aragón
María Gómez Patiño, en la redacción de Hoy Aragón

La escritora María Gómez Patiño regresa con Luciérnagas en la Toscana, una novela intimista que entrelaza memoria, paisaje y tres generaciones de mujeres a través de un manuscrito hallado en un desván. La historia parte de Mercedes —protagonista y narradora—, quien descubre en la casa familiar una novela escrita por su madre. “Ese hallazgo sirve de base para arrancar”, explica la autora, que vertebra el relato entre el presente, la década de los 70 y los años 50.

La novela se trenza entre el manuscrito encontrado, la realidad de 2024 y los recuerdos que va generando”, señala Gómez Patiño. Esa estructura temporal permite “recuperar raíces y analizar las diferencias entre épocas”, al tiempo que revela la biografía íntima de Mercedes, un personaje que acompaña a la autora desde obras anteriores como Sola en Oriente Medio o Relatangos. Aunque insiste en que mantiene distancia creativa, admite que resulta inevitable que se filtren vivencias o sensibilidades propias.

Dos territorios conectados: el País Vasco de los 50 y la Toscana actual

Uno de los ejes más llamativos de la novela es la conexión entre dos escenarios que, a priori, parecen opuestos: el País Vasco rural de los años 50 y la Toscana contemporánea, donde la autora escribió buena parte del libro. Para Gómez Patiño, ambos territorios comparten más de lo que aparentan. “Hay muchas concomitancias entre el País Vasco y la Toscana”, afirma. Desde la gastronomía hasta la relación con el paisaje, pasando por la mezcla de mar y montaña, la autora sitúa su narración en espacios que dialogan entre sí y que, a su juicio, ofrecen un contraste enriquecedor.

El lenguaje es otro elemento fundamental. Gómez Patiño reproduce en la novela un castellano con sintaxis euskérica, característico de las zonas rurales donde el euskera condicionaba la forma de hablar. “Es una forma real de expresar, no inventada”, señala. Para facilitar la lectura, explica términos y giros lingüísticos mediante notas a pie de página. “Los lectores de fuera no tienen por qué conocer estas expresiones. Me parecía importante aclararlas”.

Portada y contraportada de "Luciérnagas en la Toscana"
Portada y contraportada de "Luciérnagas en la Toscana"

Luciérnagas como símbolo de amor y búsqueda

El título de la novela tiene un sentido literal y simbólico. Las luciérnagas, presentes en los jardines de la Toscana donde la autora trabajó en el manuscrito, funcionan como metáfora del amor y del encuentro. “Son gusanos de luz que vuelan y brillan en la noche. Su luz es una forma de encontrarse”, explica. Esa imagen sirve como hilo conductor en una novela que apuesta por la emoción, la memoria y el autodescubrimiento.

La obra incluye también un poema de Miguel Hernández, que Gómez Patiño utiliza para abrir el relato y reforzar la carga simbólica de esa búsqueda luminosa que atraviesa a los personajes.

Una novela que viaja entre generaciones

Aunque la novela se sostiene sobre ficción, sus raíces están ancladas en la experiencia. Gómez Patiño describe tres voces femeninas de generaciones diferentes, cuyos relatos se cruzan para mostrar cómo se heredan, interpretan o transforman las decisiones vitales. “La recuperación de una mujer que en época franquista escribe su propia novela es clave en la historia”, explica. Ese manuscrito funciona como un puente entre pasado y presente, permitiendo a Mercedes confrontar su origen, su biografía y el contexto histórico en el que crecieron las mujeres de su familia.

El libro incorpora también elementos de la tradición vasca —canciones, gastronomía, costumbres religiosas— que ayudan a contextualizar el entorno en el que transcurre buena parte de la historia.

Un proceso de creación largo y minucioso

El desarrollo de Luciérnagas en la Toscana llevó aproximadamente dos años, entre la escritura inicial, el trabajo de investigación personal y el proceso de corrección. “Cuando estaba en la Toscana escribía diez horas seguidas; paraba solo para comer”, recuerda. Tras la primera versión, el texto pasó por un largo proceso de revisión que la autora describe como “pesadísimo”, comparable a corregir exámenes propios.

La pintura también formó parte del proceso creativo. Gómez Patiño es autora de la portada y la contraportada del libro, que reproducen paisajes reales tanto del País Vasco como de la Toscana. “Quería que tuviera un aire retro, acorde con la narración que llega a los años 50”, señala. Esa decisión refuerza la cohesión estética de un proyecto que combina literatura, memoria visual y un fuerte componente emocional.

Una obra escrita desde la autenticidad

Aunque insiste en que se trata de una novela de ficción, Gómez Patiño reconoce que el lector percibirá la honestidad del texto. “Cuando algo se escribe con el corazón se nota desde la línea uno”, afirma. Luciérnagas en la Toscana es, en sus propias palabras, una obra que aspira a conectar con lectores de distintas generaciones, invitándoles a un viaje emocional que atraviesa décadas, territorios y lenguajes.

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