La alternativa a Salou o Peñíscola para este verano: playas sin masificación y buena comida
Cuando se habla de destinos veraniegos, los grandes nombres como Salou o Peñíscola suelen acaparar todas las miradas. Sin embargo, hay un rincón costero que combina todo lo bueno del Mediterráneo sin caer en la masificación: Benicarló. Este pueblo marinero, situado entre Vinaròs y Peñíscola, se perfila como una alternativa tranquila, auténtica y muy completa para quienes buscan playa, cultura y buena mesa en un entorno más relajado.
TRES PLAYAS URBANAS Y UN PUERTO CON SABOR TRADICIONAL
La ruta estival por Benicarló comienza, como no puede ser de otra forma, junto al mar. Y es que este municipio no solo cuenta con una costa extensa, sino que ofrece tres playas perfectamente equipadas en pleno casco urbano: la playa del Gurugú, Morrongo y Caracola. Todas ellas están dotadas de servicios, cuentan con arena fina y disponen de restaurantes y chiringuitos en los que probar la joya local: la alcachofa con Denominación de Origen Protegida, emblema gastronómico de la zona.
Para quienes buscan un poco más de tranquilidad, la playa de la Mar Xica o la de Fondalet son opciones ideales. Se trata de playas algo más salvajes, flanqueadas por dunas, pero con fácil acceso en coche. El ambiente cambia aquí, más natural y pausado, ideal para desconectar. La experiencia junto al mar se redondea al atardecer con un paseo por el puerto pesquero, donde todavía se respira ese ambiente marinero entre barcas, redes y pescadores que conviven con los veraneantes.
UN CASCO ANTIGUO LLENO DE HISTORIA Y ENCANTO
Después de una mañana de sol y mar, las calles de Benicarló invitan a pasear. El patrimonio arquitectónico del pueblo es una grata sorpresa para muchos visitantes. La antigua prisión del siglo XV, con sus mazmorras aún visibles, o el actual Ayuntamiento, ubicado en una casa señorial renacentista, son solo algunos ejemplos del atractivo histórico que ofrece este lugar.
En el recorrido por el centro no pueden faltar paradas en la fachada modernista de la Casa Bosch, los paneles cerámicos de la Casa del Marqués o la imponente iglesia de San Bartolomé Apóstol, del siglo XVIII. Además, todavía es posible intuir los vestigios de las murallas medievales, levantadas en tiempos de la Reconquista, en calles como Ferreres Bretó, San Francisco o Olivella.
Pero Benicarló no se limita a mar y piedra. También guarda en su término municipal espacios naturales mediterráneos de gran valor, como los olivos milenarios de la Basseta del Bovalar, los humedales de la Rambla de Alcalà y el Barranquet, donde flora y fauna autóctonas conviven en equilibrio. Y para los aficionados a la arqueología, el poblado íbero del Puig de la Nao, del siglo V a.C., es una visita obligada. Parte de sus hallazgos pueden conocerse a fondo en el Museo de la Ciudad.
UNA JOYA POR DESCUBRIR
Benicarló lo tiene todo: playas limpias sin aglomeraciones, una gastronomía de kilómetro cero, un centro histórico cuidado y rutas naturales que sorprenden. Es ese destino que no suele aparecer en los primeros puestos de los rankings, pero que supera las expectativas de quienes apuestan por él. Una alternativa ideal para quienes buscan un verano mediterráneo más auténtico y sin prisas.

