Dónde desconectar cerca de Zaragoza estos Pilares: escapadas de fin de semana con encanto
Si buscas un respiro entre la fiesta y el bullicio del Pilar, Aragón ofrece destinos de naturaleza, historia y tranquilidad a menos de dos horas de Zaragoza.
Con las Fiestas del Pilar en pleno apogeo, Zaragoza se llena de música, tradición y vida en cada rincón. Pero también hay quienes buscan, entre tanto festejo, un momento para desconectar y respirar calma. A menos de dos horas de la capital, Aragón ofrece un mosaico de pueblos con encanto, paisajes naturales únicos y experiencias gastronómicas que invitan al descanso.
Estas cinco escapadas son una apuesta segura para disfrutar del puente del Pilar lejos del ruido, pero sin salir de la región.
Alquézar: historia, naturaleza y silencio en el corazón del Somontano
Situado a unos 120 kilómetros de Zaragoza, en la comarca del Somontano de Barbastro, Alquézar es uno de los pueblos más fotogénicos y visitados de Aragón. Declarado Conjunto Histórico-Artístico, mantiene intacto su trazado medieval, con calles empedradas, miradores y la majestuosa Colegiata de Santa María la Mayor, que domina el paisaje desde lo alto.
Además de su belleza arquitectónica, Alquézar es punto de partida de una de las rutas más impresionantes de la provincia: las pasarelas del río Vero, un recorrido suspendido sobre el cañón que combina aventura, paisaje y naturaleza en estado puro.
La zona es también ideal para una escapada gastronómica: los vinos del Somontano y la cocina local, protagonizada por el cordero y las setas, son el complemento perfecto para un fin de semana de desconexión.
Monasterio de Piedra: un paraíso de cascadas y tranquilidad
Ubicado en Nuévalos, a poco más de hora y media de Zaragoza, el Monasterio de Piedra es un clásico que nunca decepciona. Este antiguo monasterio cisterciense del siglo XIII es hoy un conjunto monumental rodeado de un parque natural que parece sacado de un cuento.
El sonido del agua guía al visitante a través de un recorrido lleno de cascadas, grutas y estanques donde la vegetación y el frescor crean una sensación de paz absoluta.
El recinto cuenta con un hotel dentro del propio monasterio, ideal para quienes desean pasar la noche en un entorno histórico y disfrutar del spa y del restaurante local. En otoño, cuando el parque se tiñe de tonos ocres y dorados, el lugar alcanza su máximo esplendor.
Tarazona y el Moncayo: patrimonio, cultura y aire puro
A una hora y veinte minutos de Zaragoza, Tarazona combina arte, historia y naturaleza. Su casco histórico, de herencia mudéjar y judía, invita a perderse entre calles estrechas y plazas con encanto. La Catedral de Santa María de la Huerta, restaurada recientemente, es una de las joyas más destacadas del patrimonio aragonés.
A escasos kilómetros, el Parque Natural del Moncayo ofrece rutas para todos los niveles entre hayedos y pinares que, en otoño, se visten con una paleta de colores inigualable. En sus faldas, pueblos como Vera del Moncayo o Añón ofrecen alojamientos rurales y restaurantes donde degustar migas aragonesas, guisos de caza o setas de temporada.
Es una escapada perfecta para quienes buscan combinar turismo cultural y naturaleza sin masificaciones.
Sos del Rey Católico: piedra, historia y calma
En el límite con Navarra, a menos de dos horas de Zaragoza, se encuentra Sos del Rey Católico, una villa medieval donde parece haberse detenido el tiempo. Cuna del rey Fernando el Católico, conserva un casco urbano amurallado perfectamente preservado, declarado Conjunto Histórico-Artístico Nacional.
Sus calles adoquinadas, los portales de piedra y las vistas a la sierra de la Peña conforman un entorno de una belleza serena.
Alojarse en el Parador Nacional de Sos, un edificio de piedra con vistas panorámicas, es una experiencia que combina historia y confort. El restaurante del parador ofrece cocina tradicional aragonesa reinterpretada con elegancia: ternasco asado, borrajas, ajoarriero o truchas del río Aragón.
Ideal para quienes buscan una escapada tranquila con encanto rural y un toque de historia.
Cariñena: vino, paisaje y tradición
A tan solo 45 minutos de Zaragoza, Cariñena es el destino perfecto para quienes prefieren una escapada corta, con sabor aragonés. Su tradición vinícola —una de las más antiguas de España— se respira en cada rincón del municipio.
La Ruta del Vino de Cariñena permite visitar bodegas, degustar caldos con Denominación de Origen y descubrir los secretos del proceso de elaboración. En el Museo del Vino, ubicado en una antigua bodega de piedra, se puede conocer la historia vitivinícola de la región mientras se disfruta de catas guiadas.
La escapada se puede completar con una comida en alguno de los restaurantes locales que apuestan por maridar los vinos con productos de la tierra: longaniza de Aragón, ternasco, quesos artesanos o postres con vino dulce.
Una pausa entre fiestas
Las Fiestas del Pilar son, sin duda, uno de los momentos más intensos del año en Zaragoza. Pero, entre el bullicio y la celebración, siempre hay espacio para un paréntesis de calma.
Ya sea entre cascadas, viñedos o pueblos de piedra, estas escapadas ofrecen un respiro sin salir de Aragón, donde el paisaje, la historia y la gastronomía se combinan para recordar que la mejor manera de celebrar también puede ser desconectar.

