La mayor fortaleza califal de Europa está en la zona más castigada por la despoblación y casi nadie lo sabe
Se ve desde kilómetros antes de llegar. Más de un kilómetro de muralla, 28 torres y muros de diez metros sobre un valle de río. Y la visita es completamente gratuita.
Hay fortalezas que intimidan desde lejos. Esta se ve desde kilómetros antes de llegar, recortada contra el cielo sobre un cerro estrecho y alargado que parece diseñado expresamente para sostenerla. Sus muros se adaptan con precisión casi quirúrgica al perfil del terreno, como si la roca y la piedra fueran una sola cosa. Desde abajo, desde el valle, parece inexpugnable. Y durante siglos, lo fue.
Nadie que la vea por primera vez entiende cómo es posible que exista un monumento así y que la mayoría de los españoles no sepa de su existencia. Más de un kilómetro de perímetro amurallado. Veintiocho torres defensivas.
Muros que en su momento álgido alcanzaban los diez metros de altura. Un foso que separa dos recintos distintos dentro de la misma fortaleza. Y una vista del valle del río que corta la respiración en cualquier estación del año.
Es el Castillo de Gormaz, en la provincia de Soria. La fortaleza califal más extensa de Europa. Declarado Monumento Nacional en 1931. Y la visita es libre y completamente gratuita.
Un bastión inexpugnable en la frontera entre dos mundos
Para entender Gormaz hay que situarse en el siglo X. La Península Ibérica está dividida entre los reinos cristianos del norte y el Califato de Córdoba al sur, y el río Duero marca una de las fronteras más tensas de ese enfrentamiento permanente. En ese contexto, el general Galib, siguiendo las órdenes del califa omeya Al-Haquem II, diseña y construye una fortaleza que no es simplemente un castillo: es la principal sede militar de la Marca Media, el cinturón defensivo que el califato levanta para proteger sus territorios del norte.
La ubicación no es casual. El cerro sobre el que se asienta domina visualmente todo el valle del Duero. Desde sus torres se podía detectar cualquier movimiento enemigo a kilómetros de distancia. Era, en la práctica, imposible de tomar por la fuerza. No fue hasta el año 1060 cuando Fernando I lo conquista, incorporándolo definitivamente al dominio cristiano. Siglos después, durante el reinado de los Reyes Católicos, perdió su función militar y se reconvirtió en cárcel, cerrando de forma poco gloriosa uno de los capítulos más importantes de la historia medieval de Castilla.
Qué ver dentro: alcázar, aljibes, Puerta Califal y Torre del Homenaje
El recinto amurallado tiene 450 metros de largo y 60 de ancho, dividido en dos grandes zonas separadas por un foso interior. En el sector este se encuentra el alcázar, el núcleo más noble de la fortaleza, junto a la Torre del Homenaje de estilo mudéjar y los aljibes que abastecían de agua a la guarnición. En el sector oeste se abre la alberca, el espacio donde descansaban y se organizaban las tropas, presidida por la famosa Puerta Califal, uno de los elementos mejor conservados y más impresionantes del conjunto.
Lo que hace especialmente llamativo al castillo es su estado de conservación. Para tratarse de una construcción del siglo X que ha pasado por siglos de abandono, guerras, cambios de manos y reconversiones, lo que ha llegado hasta hoy es extraordinario. La sillería original, los arcos, las torres y buena parte del trazado amurallado siguen en pie, permitiendo leer casi completo cómo fue este bastión en su momento de mayor esplendor.
Cómo llegar y qué tener en cuenta
La opción más práctica para llegar es desde El Burgo de Osma, tomando la carretera SO-160 en dirección sur hacia la Rasa. Tras unos 20 kilómetros se llega a la localidad de Gormaz, a 64 kilómetros de Soria capital. Una vez en el pueblo, basta con seguir la calle principal en continuo ascenso: el camino lleva directamente a los pies de la muralla, donde hay aparcamiento habilitado.
La visita es completamente libre y gratuita, sin horarios ni entradas. Sin guías, sin señalización interior detallada y sin instalaciones. Conviene llevar calzado cómodo, agua en verano y algo de abrigo en las estaciones frías, porque la altura del cerro genera un microclima que puede sorprender. Y conviene tomarse el tiempo necesario para recorrer el perímetro completo y buscar los puntos desde los que se divisa el valle del Duero tal y como lo vieron los soldados califales hace más de mil años.
