El tren amarillo que ya puedes coger en el Pirineo y sólo cuesta 10 euros

Entre los puntos destacados del recorrido están los puentes y viaductos que desafían la gravedad.

El Tren Amarillo, conocido también como Tren Groc, Le Train Jaune o El Canario, es mucho más que un simple medio de transporte. Con más de un siglo de historia, esta línea ferroviaria pintada de un llamativo color amarillo se ha convertido en un icono de los Pirineos Orientales, en el sur de Francia. Su recorrido, que serpentea entre montañas, valles y cañones, ofrece a los viajeros una experiencia única que combina historia, ingeniería y paisajes naturales de una belleza deslumbrante.

Un trayecto único por los Pirineos

El tren conecta las localidades de Vilafranca de Conflent, un pueblo declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y Latour-de-Carol, cubriendo una distancia de 63 kilómetros en un tiempo aproximado de tres horas. Durante este recorrido, se atraviesan 22 pueblos, de los cuales ocho son paradas obligatorias. Entre ellos destaca la ciudad amurallada de Mont-Louis, también Patrimonio de la Humanidad, y la estación más alta de Francia, Bolquère, situada a 1.593 metros de altitud.

El trayecto, caracterizado por un ritmo pausado con una velocidad máxima de apenas 30 kilómetros por hora, permite a los pasajeros disfrutar sin prisa del entorno natural del Parque Natural de los Pirineos Catalanes. Desde las ventanas, el paisaje revela valles, cañones y cumbres nevadas en invierno, creando un espectáculo visual que se mantiene constante durante todo el año.

Los vagones del Tren Amarillo conservan su diseño original, evocando la nostalgia de principios del siglo XX. Con asientos de metal y cuero marrón, ventanillas clásicas y bonitos portales de hierro rojo, el tren ofrece una experiencia auténtica. Los espacios metálicos para equipaje en la parte superior y los faros y bocinas originales completan el encanto retro de este medio de transporte.

Un proyecto de ingeniería visionario

Inaugurado en 1910 tras más de tres décadas de construcción, el Tren Amarillo representó un hito en la ingeniería ferroviaria de su tiempo. Con una línea métrica (raíles separados por un metro), el tren es capaz de adaptarse mejor a las curvas y evitar la construcción de numerosos túneles, superando así los desniveles de hasta 1.000 metros que presenta el terreno montañoso. Su sistema de tracción eléctrica, alimentado por una red hidroeléctrica local, fue también una innovación destacada para la época.

El Tren Amarillo no solo conectó a los habitantes de las comarcas de la Cerdaña y el Conflent con el resto de Francia, sino que también impulsó el desarrollo de la región, facilitando el acceso a la estación de esquí de Font Romeu y mejorando la vida de los residentes, especialmente en invierno, cuando las carreteras pueden quedar bloqueadas por la nieve o los desprendimientos de rocas.

Aunque en sus inicios el Tren Amarillo fue una herramienta clave para conectar las zonas aisladas de los Pirineos, hoy en día sigue siendo un medio de transporte importante para los habitantes locales, especialmente en invierno. Además, se ha convertido en una atracción turística que recibe a miles de visitantes deseosos de experimentar su singularidad y explorar los paisajes naturales y culturales de la región.

Entre los puntos destacados del recorrido están los puentes y viaductos que desafían la gravedad, como el viaducto de Séjourné, un impresionante puente de piedra de varios arcos, y el viaducto Gisclard, el único puente colgante ferroviario en uso en Francia.

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