Crónica taurina | Morante se corta la coleta y eclipsa el enésimo desastre de Zúñiga en La Misericordia

El diestro de La Puebla deja un legado inmenso con un concepto único que deja al tendido zaragozano helado tras lo ocurrido en Madrid
Morante de la Puebla se corta la coleta en Madrid./ EFE
Morante de la Puebla se corta la coleta en Madrid./ EFE

Todo pintaba con normalidad hasta la segunda parte de la corrida goyesca de este domingo en La Misericordia. Un soplo de aire frío desde Madrid dejó al tendido zaragozano helado: Morante de la Puebla se corta la coleta. El diestro sevillano dice así adiós a una carrera con un concepto del toreo único que dejará una huella inmensa, pero un legado imborrable que servirá de inspiración a muchos chavales que cogerán una muleta por primera vez.

No hay nada más valioso en la vida que ser recordado por lo que hiciste, porque eso significa que dejaste una huella que nadie podrá borrar. Morante se despide de Madrid, donde hace unos meses logró una de las hazañas que le quedaban por cumplir: salir a hombros de Las Ventas. Se ha cortado la coleta entre lágrimas tras casi 30 años como matador de toros.

Quien se va a marchar dejando un recuerdo para olvidar y meter en un cajón del olvido es Carlos Zúñiga. El empresario de La Misericordia se ha vuelto a reír en la cara de los aficionados. En un día tan grande para Zaragoza, como es el 12 de octubre, quiso traer una corrida de toros de Pincha después de que el año pasado la ganadería acartelada era Miura. Es decir, se ha pasado de la ganadería con más historia de la tauromaquia a una, de origen navarro, que nunca había sacado seis toros a la plaza. Un despropósito.

Eso no es todo, casi el total de los toros de Pincha los rechazaron los veterinarios por diferentes motivos. A última hora, como tiene por costumbre este empresario de hacer todo en Zaragoza, se cambió la ganadería a Salvador Gavira. Román, que estaba en el cartel, se borró y el joven Ismael Martín.

Con apenas un tercio de entrada, el clima que se respira era de apatía. Ya habían tragado de todo y sabían que al jefe le quedaba poco al mando de Zaragoza y vientos nuevos cambiarán el desastroso rumbo que lleva La Misericordia.

Con ello, rompieron el paseíllo Alberto Álvarez, José Fernando Molina e Ismael Martín. Los toros gaditanos eran duros de pelar y con una dificultad tremenda por sus embestidas y comportamiento. Ninguno estuvo a la altura, pero al menos salieron de la plaza por su propio pie. Dos volvieron a corrales por invalidez, pero el espectáculo ya estaba servido.

Alberto Álvarez no quiso ver a ninguno de sus dos toros. Este torero de la casa aragonesa probó a sus dos animales con muletazos sin gana alguna para hacer creer al tendido que era esfuerzo en vano. El personal lo abroncó con su segundo animal después de lo que trasteara durante menos de un minuto y se fuera a por la espada de matar.

José Fernando Molina al menos tuvo un poco de vergüenza torera y se puso delante. No estuvo bien en ninguno de los dos por su falta de colocación y sin entender la complejidad del toro. Tras tropecientos muletazos a toros que permiten dos o tres tandas, se dio cuenta de que no había dado ni uno con sentimiento.

En su tónica comercial, Ismael Martín cerró una tarde para estómagos a prueba de balas. Este torero, con poco más de un año de alternativa, también ha salido de la escuela de El Fandi o Colombo. Más centrado en el espectáculo que en hacer las cosas bien y con sentimiento. Puso todos sus pares, pero ninguno en la cara del toro. Eso sí, con la muleta enganchones y muletazos sin ningún tipo de raza.

Morante se marcha y su herencia es insustituible, pero ahora queda en responsabilidad de cada uno de los toreros y novilleros que el interés de la fiesta siga vivo tras la despedida de uno de los más grandes de la historia.

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