Sin luz y con problemas: así ha terminado cerrando el quisco La Milonga en el Parque Pignatelli
El quiosco gastronómico de Grupo Tándem en el Parque Pignatelli cierra tras más de dos años marcados por problemas técnicos y administrativos que impidieron su funcionamiento normal.
El cierre de La Milonga, anunciado por Grupo Tándem el pasado 9 de marzo, deja algo más que un espacio vacío en el Parque Pignatelli. Supone el final de un proyecto que nació con vocación de convertirse en punto de encuentro gastronómico al aire libre en Zaragoza, pero que nunca llegó a desarrollarse en condiciones normales.
Con algo más de dos años de recorrido, el establecimiento se despide tras una etapa marcada por dificultades que, según el propio grupo, han hecho inviable su continuidad.
Un concepto pensado para el ocio al aire libre
La Milonga abrió en 2022 como una de las apuestas más singulares de Grupo Tándem. El proyecto recuperaba la idea del “quiosco de toda la vida”, reinterpretado bajo un concepto contemporáneo de chill & grill, pensado para disfrutar de la gastronomía y el ocio en un entorno abierto como el Parque Pignatelli.
El espacio combinaba cocina a la brasa, guiños a la gastronomía argentina y producto tradicional, con una carta que incluía desde empanadas criollas o choripanes hasta costillas, arroces o bocados más informales.
La propuesta buscaba atraer tanto a vecinos de zonas cercanas como a quienes transitaban por el parque, en un formato que mezclaba restauración y ocio en un entorno poco explotado hasta entonces en la ciudad.
Un proyecto condicionado desde el inicio
Sin embargo, el recorrido del negocio ha estado marcado por problemas estructurales ajenos a la actividad del propio establecimiento. En el comunicado de cierre, el grupo apunta a dificultades burocráticas, cuestiones de seguridad en la zona y la falta de suministro eléctrico durante toda su actividad, una circunstancia especialmente significativa para un negocio de restauración.
A ello se suma la falta de respuesta administrativa a las gestiones realizadas durante este tiempo, lo que terminó por agotar las posibilidades de continuidad del proyecto. El resultado ha sido el cierre definitivo de un espacio que, en la práctica, nunca pudo operar con normalidad.
Versión municipal
Desde el Ayuntamiento de Zaragoza matizan esta interpretación y subrayan que el cierre responde a una decisión empresarial del adjudicatario. De tal manera, recuerdan que el proyecto se adjudicó mediante un procedimiento público con un canon fijado, condición que la empresa habría intentado modificar posteriormente.
En cuanto al suministro eléctrico, señalan que se trata de una cuestión entre el operador y la distribuidora, ajena a las competencias municipales, y añaden que el consistorio ha cumplido con sus obligaciones y volverá a licitar la instalación.
El contexto de un grupo consolidado
El caso de La Milonga contrasta con la trayectoria de Grupo Tándem, una de las firmas más reconocibles de la hostelería zaragozana en los últimos años. Desde su creación, el grupo ha desarrollado varios conceptos en la ciudad, como Marengo, La Bocca, Nativo o Nómada, consolidando una oferta variada y bien posicionada.
Su crecimiento se ha apoyado en propuestas con identidad propia y una apuesta constante por el diseño de espacios y experiencias gastronómicas diferenciadas, lo que ha permitido al grupo mantener una presencia destacada en el sector local.
Por eso, el cierre de La Milonga se plantea como un episodio puntual dentro de una trayectoria más amplia, marcado más por el contexto que por el modelo de negocio.
El reto de activar espacios urbanos
Más allá del caso concreto, la desaparición de este quiosco vuelve a poner el foco en las dificultades que pueden surgir en proyectos ubicados en espacios públicos.
La Milonga se encontraba en un entorno con potencial, pero también con condicionantes específicos: gestión administrativa, seguridad, infraestructuras y adaptación a un uso intensivo del espacio. Factores que, en este caso, han terminado por pesar más que la propuesta gastronómica.
Un proyecto que no llegó a desplegarse
El cierre de La Milonga deja la sensación de un proyecto que no llegó a desarrollarse plenamente. Su planteamiento, vinculado al ocio al aire libre, la gastronomía y la vida de barrio, encajaba con tendencias actuales de consumo, pero no encontró el contexto adecuado para consolidarse.
El propio grupo lo resume como un caso aislado dentro de su trayectoria, aunque su desaparición reabre el debate sobre las condiciones necesarias para que este tipo de iniciativas prosperen en la ciudad.
Más que un cierre al uso, el de La Milonga es el ejemplo de cómo, en hostelería, el éxito no depende solo de la idea, sino también del entorno en el que se intenta llevar a cabo.

