El restaurante oscense “más chic” con un solete que también quiere hacer espectáculos
En el año 1987, Pilar Sancerni, enfermera oscense de profesión, decidía dar un giro a su vida y crear un restaurante italiano en Tarifa, Cádiz. Así nacía El Alambique, un negocio que más tarde se replicaría en su Huesca natal para crear el primer restaurante de cocina italiana de la ciudad.
En aquel primer "Alambique gaditano", Pilar combinó su amor por la cocina y su experiencia como windsurfista, ofreciendo pizzas y pastas para los deportistas. Y mientras tanto, se formaba en los fogones de Juan María Arzac. "Me gusta comer y cocinar", afirma Pilar, quien adquirió habilidades para emplatar, decorar y conocer ingredientes nuevos, como el ruibarbo.
Fue en 1990, cuando Pilar decidió abrir otro Alambique en Huesca. Estaba situado en la calle Costanilla de Ricafort, y tuvo tanto éxito que Pilar se vio obligada a traspasar el gaditano para centrarse únicamente en el restaurante oscense. Sus pizzas fueron quizá el secreto de su éxito: con masa casera sin conservantes y de 200 gramos más parecida a la esponjosa masa napolitana.

El último viaje culinario del Alambique fue a la Plaza San Lorenzo. En su parte trasera se encuentra la plaza de las Urreas, una pintoresco rincón que ha cambiado su aspecto gracias a la llegada del restaurante. "Antes era una plaza con coches, sucia, no te podías imaginar en lo que se ha convertido ahora" explica la chef. "Lo hemos transformado en un espacio íntimo y verde, ideal para cenas al aire libre y actividades culturales". De hecho, sin apenas tránsito de coches y con mucha intimidad, esta plaza es perfecta para pequeñas actuaciones o proyecciones de películas al aire libre, como ya hicieran el año pasado con la proyección del documental de Vicky Calavia.
La chef también se ha puesto en contacto con artistas locales como Rosa Lafarga y Chonín Laplana para poder crear exposiciones al aire libre de sus fotos o cuadros. "Siempre me ha gustado el arte y el Alambique siempre ha tenido exposiciones. La idea es utilizar la terraza para mostrar el trabajo de artistas locales y ofrecer un espacio donde la gastronomía y el arte se encuentren", explica Pilar.
Y mientras la chef está en contacto con la asociación de vecinos de San Lorenzo para conseguir convertir su pequeña plaza en un referente cultural de la ciudad, continúa trabajando en su cocina, donde ha introducido elementos de la cocina mediterránea, como la tosta escalivada casera con aceite de oliva virgen extra y boquerones de alta calidad.
Entre las especialidades destacan el tenderete de boquerones, el tenderete de guanciale con pan y aceite de trufa, y la gilda con cebolleta italiana y vinagre de Módena. Los raviolis rellenos de bogavante en pasta filo y la crema de ostras y mariscos son recordatorios de que Huesca no está tan lejos del mar.

Y todo ello sin dejar de lado la cocina italiana que tanto le ha caracterizado.
IDEAS PARA DINAMIZAR HUESCA
Pilar no sólo se ha centrado en mantener la calidad de su restaurante, sino que también ha participado activamente en eventos locales. Desde jornadas de hamburguesas, ofreciendo opciones vegetarianas, veganas y para celíacos, hasta concursos de cócteles. Aunque no ganó, se sintió satisfecha con los elogios recibidos por sus creaciones. "Participar en estas actividades no solo dinamiza mi negocio, sino también la ciudad", dice Pilar.
Su gastronomía, dinamismo y saber hacer, le han hecho merecedora de un "solete" de la guía Repsol. Una distinción que refleja el esfuerzo y la pasión que Pilar se pone en cada plato y en cada detalle del servicio. No es fácil destacarse en una provincia que ya cuenta con otros reconocimientos de la Guía Repsol, como los 'Sol Repsol' que poseen "Lillas Pastia" y "Venta del Sotón" en Huesca, "Vidocq" en Formigal y "Callizo" en Aínsa. Sin embargo, El Alambique ha demostrado que con calidad, innovación y un enfoque centrado en el cliente, es posible brillar con luz propia.