El gran riesgo que asumen los montañeros en el Pirineo: sin preparación técnica y subiendo picos
La Guardia Civil está viviendo unos días intensos en el Pirineo aragonés, donde se han registrado numerosos rescates relacionados con actividades de montaña. Entre el 27 y el 29 de diciembre, efectivos del GREIM han atendido un total de 13 emergencias, muchas de ellas ocasionadas por la falta de preparación técnica y el desconocimiento de las condiciones del terreno.
El pasado 27 de diciembre fue especialmente complicado, con ocho rescates realizados en diferentes puntos del Pirineo. El primero de ellos ocurrió cerca del Pico Aspe, donde un esquiador de montaña, un joven de 27 años procedente de Guipúzcoa, sufrió un esguince de tobillo tras deslizarse por una pendiente helada mientras ascendía. Fue evacuado en helicóptero hasta Jaca y posteriormente trasladado al hospital.
Media hora después, en Astún, un adolescente de 14 años, también guipuzcoano, se fracturó la muñeca al caer mientras esquiaba en una zona helada del Pico Raca. Aunque fue auxiliado por el personal de la estación, el incidente subraya la necesidad de una mayor atención a las condiciones del terreno, especialmente en zonas frecuentadas por jóvenes y familias.
A las 12:30 horas, el GREIM de Benasque atendió a un montañero argentino de 22 años que sufrió un esguince de tobillo en la Piedra del Marqués, en la zona de las Maladetas. La combinación de nieve dura y falta de nivel técnico provocó su caída. Fue evacuado en helicóptero, aunque pudo abandonar el lugar por sus propios medios tras el rescate.
Poco después, en el barranco de Literola, dos montañeros de 24 y 25 años, ambos vecinos de Barcelona, quedaron enriscados por falta de experiencia técnica. Incapaces de continuar su ruta, tuvieron que ser rescatados en helicóptero y trasladados a Benasque. Aunque no presentaban lesiones, el susto puso de manifiesto la importancia de valorar las dificultades de los itinerarios.
A las 15:00 horas, una esquiadora vallisoletana de 42 años sufrió múltiples contusiones y laceraciones leves tras resbalar mientras descendía con crampones cerca del Pico Acherito, en Ansó. Las condiciones heladas de la pendiente jugaron un papel clave en el accidente, que requirió su evacuación aérea.
A la misma hora, dos montañeros, un joven de 14 años y una mujer de 49, ambos madrileños, se enfrentaron a problemas similares cerca del Refugio de la Renclusa, en Benasque. Tras un resbalón en la nieve, el chico sufrió un esguince de tobillo, y ambos necesitaron ser rescatados en helicóptero.
Por último, un montañero bilbaíno de 48 años quedó enriscado en una pendiente helada del Pico Aspe al romperse su equipo. El hombre fue evacuado con síntomas de hipotermia leve tras pasar varias horas atrapado en condiciones extremas.
El 28 de diciembre tampoco estuvo exento de incidentes. En el Parque Natural Posets-Maladetas, una montañera conquense de 31 años sufrió una fractura de brazo al resbalar en la Canal de Puerto Viejo. Ese mismo día, un hombre de 42 años del Somontano se fracturó el fémur y la cadera al caer en el GR-11. Ambos casos requirieron evacuación aérea y hospitalización.
El 29 de diciembre se cerró con dos nuevos rescates. En Ordesa, una senderista sufrió una lesión de tobillo mientras recorría la senda hacia la Cola de Caballo, cerca de la Cascada El Estrecho. En el Refugio de la Renclusa, otro montañero también sufrió un esguince en el tobillo tras una caída, sumando más emergencias a una jornada ya saturada.
La mayoría de estos rescates tienen un denominador común: la falta de conocimientos y habilidades técnicas. Actividades como el esquí de montaña, el senderismo en zonas heladas o la escalada requieren no solo de equipamiento específico, sino también de experiencia y preparación previa.

