La cúpula de calor que va a asar media Europa esta semana: qué es y por qué no será ola de calor oficial

Un domo de calor estancado sobre Europa dispara los termómetros hasta 15°C por encima de lo normal, con polvo sahariano y noches muy cálidas incluidos

Un episodio de calor intenso, extenso y duradero se instala esta semana sobre España y gran parte de Europa occidental. Las temperaturas máximas podrían alcanzar los 38°C en el suroeste peninsular y se mantendrán muy por encima de lo habitual para mayo durante al menos siete días seguidos, según las previsiones de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). El fenómeno tiene nombre: domo o cúpula de calor.

Qué es exactamente un domo de calor y por qué preocupa

Un domo de calor no es simplemente una semana de buen tiempo. Es un patrón meteorológico extremo que ocurre cuando un anticiclón potente se estanca sobre una región y actúa como una tapadera gigante: el aire caliente queda atrapado en las capas bajas de la atmósfera, sin posibilidad de escape. A eso se suma la subsidencia, el descenso del aire desde capas altas que lo comprime y calienta todavía más. El resultado es una espiral ascendente de temperaturas que puede mantenerse días e incluso semanas.

Lo que hace especialmente llamativo al episodio que arranca esta semana es su magnitud. Los mapas de presión en altura —a unos 5.500 metros— muestran valores de récord histórico para mayo sobre el centro y oeste de Europa. Meteorólogos de varios países europeos ya lo han calificado de "ola de calor tempranera", aunque en España la denominación oficial es otra.

Las anomalías térmicas previstas son brutales: entre 10 y 15°C por encima de lo normal para estas fechas en España, Francia, Alemania, Países Bajos y las propias islas Británicas. Que en Londres puedan superarse los 30°C en mayo da idea de la dimensión del fenómeno.

Las temperaturas que se esperan y los avisos ya activados

AEMET ya ha activado los primeros avisos amarillos por temperaturas máximas en varias zonas del país. Extremadura encabeza la lista, con valores iguales o superiores a 38°C. El interior de Asturias y el País Vasco también están en alerta, con umbrales de aviso a partir de los 34°C. Y eso es solo el arranque: las previsiones apuntan a que el calor irá en aumento a lo largo de los próximos días.

En España, las temperaturas más altas se concentrarán en el suroeste peninsular, donde los 38°C son un escenario probable. Pero el calor no se quedará en un rincón del mapa: buena parte de la Península registrará máximas de verano en plena segunda quincena de mayo. Las noches tampoco traerán alivio. Las mínimas serán inusualmente altas en todas las zonas afectadas, lo que agravará el impacto sobre la salud, especialmente entre los grupos más vulnerables.

Hay un dato que conviene no perder de vista: venimos de una primera mitad de mayo fría, con temperaturas por debajo de lo normal en gran parte de Europa occidental. Ese contraste brusco —del fresco al calor extremo en pocos días— hace que el cuerpo tenga menos capacidad de adaptación. Los médicos y las autoridades sanitarias suelen advertir de que las transiciones rápidas de temperatura son, en ocasiones, más peligrosas que el calor sostenido.

El polvo del Sáhara se suma al episodio

Al calor se añade otro elemento característico de estos patrones: la entrada de aire africano cargado de polvo sahariano. En la parte oriental del domo de calor se producirá una irrupción de calima que afectará a Canarias y avanzará hacia el oeste de la Península, pudiendo llegar incluso hasta las islas Británicas. Esta nube de polvo en suspensión no solo reducirá la visibilidad y ensuciará coches y terrazas, sino que también puede empeorar la calidad del aire, con consecuencias especialmente molestas para personas con alergias o problemas respiratorios.

Las previsiones apuntan a que esta entrada de polvo sahariano podría prolongarse varios días, coincidiendo con el pico de calor.

Por qué esto no es una ola de calor oficial en España

Aquí llega el matiz que puede resultar confuso. Con 38°C en el termómetro y una semana entera de calor sofocante, mucha gente asumirá que España está en ola de calor. Técnicamente, no.

La definición que aplica AEMET para declarar una ola de calor exige que un número determinado de estaciones meteorológicas superen simultáneamente ciertos umbrales de temperatura durante al menos tres días consecutivos. Esos umbrales están fijados en función de las temperaturas registradas en julio y agosto en un periodo histórico concreto. Son, por tanto, umbrales estivales —los más exigentes del año— y en mayo es prácticamente imposible alcanzarlos en la España peninsular.

Las únicas excepciones documentadas son Canarias, donde se han producido dos olas de calor antes de junio: una en abril de 2008 y otra en mayo de 2007.

Dicho de otra manera: el termómetro puede marcar lo mismo que en agosto, pero si la fecha en el calendario dice mayo, el episodio no computa como ola de calor oficial. Eso no lo hace menos peligroso; simplemente responde a una convención meteorológica. La recomendación es la misma que en pleno verano: hidratarse, evitar el sol en las horas centrales del día —entre las 12 y las 17 horas— y extremar las precauciones con niños, mayores y personas con enfermedades crónicas.

Un fenómeno que bate récords en toda Europa

Más allá de España, el domo de calor está dejando registros históricos en varios países europeos. En Francia, Alemania o los Países Bajos, las previsiones apuntan a valores sin precedentes para mayo. Algunos países con umbrales de ola de calor más bajos que los españoles sí declararán formalmente la alerta.

La duración del episodio es otro factor que lo distingue de una simple ola puntual: las previsiones más actualizadas lo prolongan más de siete días, lo que lo convierte en uno de los eventos de calor más significativos de un mes de mayo en Europa en décadas.

Todo ello ocurre, además, en un contexto de largo plazo que los climatólogos no dejan de señalar: los episodios de calor extremo son cada vez más frecuentes, más intensos y más tempranos en el año. Este domo de finales de mayo de 2026 es, en ese sentido, un dato más en una tendencia que no muestra señales de revertirse.

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