El invierno de las siete borrascas deja una factura de 22.600 millones en la península ibérica
Portugal ha anunciado un plan de reconstrucción de 22.600 millones de euros para reparar los daños del tren de borrascas que azotó la península ibérica entre finales de enero y mediados de febrero de 2026. Los mismos temporales que dejaron su huella en Aragón —con inundaciones en el valle del Ebro, vientos de rachas extremas en el Pirineo y episodios de lluvia torrencial en las tres provincias— causaron en el país vecino al menos siete muertos y pérdidas estimadas en 5.300 millones.
El invierno de las siete borrascas: lo que vivió Aragón
Lo que la AEMET bautizó como una "secuencia excepcional" fue, en la práctica, tres semanas de temporales encadenados sin apenas respiro. Entre el 22 de enero y el 14 de febrero, siete borrascas atlánticas de alto impacto llegaron una tras otra: Ingrid, Joseph, Kristin, Leonardo, Marta, Nils y Oriana. Un desfile que la agencia meteorológica calificó como inusual no solo por el número de sistemas, sino por su intensidad y por la escasa separación temporal entre unos y otros.
En Aragón, el episodio se hizo notar con especial virulencia en las comarcas pirenaicas y en el entorno del Ebro. Las estaciones de aforo del río registraron crecidas sostenidas durante días, con alertas activadas en varios tramos. En el Pirineo oscense, las estaciones de montaña de Candanchú y Cerler midieron rachas que superaron los 100 kilómetros por hora en los momentos de mayor intensidad, mientras que el Moncayo también registró vientos excepcionales. En la provincia de Teruel, los embalses del sistema Guadalope acumularon reservas que llevaban meses bajo mínimos, aunque el alivio llegó acompañado de daños en caminos y accesos rurales.
Zaragoza capital no quedó al margen. La ribera del Ebro a su paso por el paseo Echegaray y la zona de La Almozara registró niveles de alerta, y varias rutas de senderismo del entorno metropolitano permanecieron cortadas durante días por riesgo de desprendimientos. La borrasca Leonardo fue la que más afectó a la capital aragonesa, con precipitaciones acumuladas en pocas horas que desbordaron algunos puntos de drenaje del sur de la ciudad, en barrios como Casablanca y Valdespartera.
El plan de Portugal: tres grandes bloques de inversión
El primer ministro portugués Luis Montenegro presentó el martes un paquete dividido en tres tramos. El primero, dotado con 5.300 millones, irá destinado directamente a reparar las infraestructuras dañadas: carreteras cortadas, puentes afectados, redes de abastecimiento de agua y saneamiento que quedaron inutilizadas en las regiones más castigadas del norte y centro del país.
El segundo y más voluminoso bloque —15.000 millones de euros— apunta al futuro. Portugal quiere reforzar sus infraestructuras hidráulicas y energéticas, reformar el sistema de emergencias sanitarias y, sobre todo, construir cuatro nuevas represas que regulen los caudales en las cuencas más expuestas. Una apuesta a largo plazo que reconoce, implícitamente, que estos episodios van a repetirse.
El tercer tramo, de 2.300 millones, se centra en mejorar la respuesta ante fenómenos meteorológicos extremos: sistemas de alerta temprana, protocolos de evacuación y formación de los cuerpos de emergencia. La mayor parte de la financiación saldrá del tesoro público portugués, aunque Montenegro confirmó que también se recurrirá a fondos europeos.
La península ibérica, en primera línea del cambio climático
Lo que hace décadas era una anomalía es hoy una pauta reconocible. La península ibérica lleva años acumulando evidencias de que el clima está cambiando de forma acelerada: veranos más largos y calurosos, sequías más prolongadas y, paradójicamente, episodios de lluvias torrenciales más intensos cuando llegan. Los científicos del World Weather Attribution ya analizaron este tren de borrascas y concluyeron que la huella del cambio climático es perceptible en la frecuencia e intensidad de este tipo de secuencias.
Para Aragón, eso tiene una traducción directa. La cuenca del Ebro es uno de los sistemas fluviales más regulados de Europa, con decenas de embalses que amortiguan las crecidas, pero la capacidad de laminación tiene límites. Cuando llegan siete borrascas en tres semanas, los embalses entran en carga y el río responde. Lo vimos en febrero. Y todo apunta a que no será la última vez.
La respuesta de Portugal —22.600 millones sobre la mesa en apenas dos meses desde los temporales— marca un contraste notable con los ritmos habituales de la administración en estos casos. Si algo ha dejado claro este invierno es que el coste de no prepararse es mayor que el de invertir antes de que llegue la siguiente borrasca.