La enfermedad que amenaza millones de kilos de fresas cuando llega El Niño, al descubierto

Investigadores de la Universidad de Florida han analizado siete décadas de datos climáticos para anticipar cuándo atacar con fungicidas

La próxima temporada de fresas en Florida ya genera señales de alarma. Un equipo de científicos del UF/IFAS —el Instituto de Ciencias Alimentarias y Agrícolas de la Universidad de Florida— ha confirmado que el fenómeno de El Niño multiplica el riesgo de aparición de Botrytis, la podredumbre gris que puede arrasar un cultivo en cuestión de días. El hallazgo, presentado en mayo de 2026 en la conferencia Florida AgriTech, se apoya en el análisis de 74 años de registros climáticos.

Botrytis y humedad: una combinación letal para los cultivos

La Botrytis cinerea es uno de los hongos más destructivos de la agricultura mundial. En condiciones normales, los productores de fresa la conocen bien y saben cómo combatirla. El problema llega cuando las condiciones meteorológicas se tuercen de manera sostenida, como ocurre en los años marcados por El Niño. Durante estas fases, Florida registra más lluvias de lo habitual y temperaturas algo más bajas, una combinación que eleva la humedad ambiental hasta niveles que favorecen la esporulación del hongo y su rápida expansión por los campos.

Vinicius Cerbaro, investigador posdoctoral del Departamento de Ingeniería Agrícola y Biológica de UF/IFAS, lleva años estudiando esta relación. Su equipo se centró en la llamada Oscilación del Sur de El Niño —conocida por sus siglas en inglés, ENSO—, un ciclo climático natural que se repite de forma irregular cada dos a siete años. La actividad del ENSO alcanza su pico entre diciembre y enero, justo en el corazón de la temporada de fresas en el estado.

Los datos son contundentes. En los condados de Hillsborough, Polk, Manatee y Hardee —el cinturón fresero del centro-oeste de Florida—, el riesgo de infección por Botrytis superó la media en cerca del 70% de los años con presencia de El Niño registrados entre 1950 y 2024. Solo en el condado de Hillsborough, el más productivo del estado, las condiciones asociadas a este fenómeno se tradujeron en un incremento de hasta el 50% en las aplicaciones de fungicidas entre los agricultores que utilizan herramientas de asesoramiento basadas en datos meteorológicos.

Un sistema de alerta que sustituye al calendario

Ahí reside una de las aportaciones más prácticas de esta línea de investigación: el Sistema de Asesoramiento para la Fresa, conocido como SAS. Este sistema, desarrollado también desde UF/IFAS, rompe con la lógica tradicional de aplicar tratamientos fungicidas en fechas predeterminadas —semana uno, semana tres, cada diez días— y los sustituye por alertas en tiempo real basadas en las condiciones climáticas. Cuando el modelo detecta que temperatura, humedad y probabilidad de precipitación se combinan de forma peligrosa, los productores reciben una notificación para actuar.

La ventaja no es solo agronómica. También es económica. Aplicar fungicidas únicamente cuando el riesgo lo justifica reduce el número de tratamientos, baja los costes de producción y disminuye la carga química sobre el suelo y el agua. Para una industria valorada en 500 millones de dólares anuales, afinar el momento de la intervención puede marcar la diferencia entre una temporada rentable y pérdidas significativas.

Ahora bien, el nuevo estudio va un paso más allá. Si hasta ahora el SAS reaccionaba a las condiciones del momento, los investigadores plantean incorporar la información sobre El Niño como una variable predictiva antes incluso de que empiece la temporada. La idea es sencilla: si los modelos climáticos indican con meses de antelación que se aproxima un año de El Niño, los productores podrían recibir una alerta de pretemporada que les oriente sobre las estrategias de manejo más adecuadas.

El Niño en 2026: probabilidades del 60%

El contexto del estudio no es teórico. Cerbaro fue muy directo en su presentación: "Actualmente existe cerca de un 60% de probabilidad de que el fenómeno de El Niño se desarrolle entre mayo y julio y persista hasta finales de año". Si esa previsión se confirma, la próxima cosecha —que arranca en noviembre— podría enfrentarse a condiciones adversas desde el primer momento. Y no solo por la Botrytis: el exceso de lluvias puede dañar variedades sensibles, y la reducción de horas de sol ralentiza la maduración de los frutos, lo que alarga los ciclos y complica la planificación de la recolección.

La fase opuesta, La Niña, tiende a generar condiciones más secas que reducen el riesgo de enfermedades fúngicas. Sin embargo, los investigadores advierten de que el aumento de temperaturas asociado a esta fase puede compensar parte de esa ventaja, favoreciendo otros patógenos o acelerando el desarrollo de plagas.

74 años de datos para predecir el futuro

Lo que hace metodológicamente sólido este trabajo es la escala temporal del análisis. Siete décadas de registros climáticos permiten establecer patrones estadísticos robustos, no meras correlaciones puntuales. El equipo cruzó los datos de temperatura y precipitación con los índices ENSO históricos y los comparó con los registros de presión de enfermedad en los principales condados productores. El resultado es un modelo que puede integrarse en las herramientas de decisión que ya utilizan los agricultores.

La investigación se publicó en la revista Agricultural and Forest Meteorology, una de las publicaciones de referencia en agrometereología a nivel mundial, lo que respalda tanto la metodología como las conclusiones del equipo de UF/IFAS.

De cara al futuro, Cerbaro confía en que este tipo de herramientas puedan escalarse a otras regiones productoras de fresas en el mundo —y, por extensión, a otros cultivos sensibles a la Botrytis, como la vid, el tomate o el kiwi—. La lógica es la misma: si sabemos que El Niño va a llegar, podemos prepararnos antes de que el hongo encuentre las condiciones perfectas para atacar.

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