Marta Fernández dice adiós y llega María Navarro: las dos caras de la derecha en la presidencia de las Cortes de Aragón

La popular sustituye a la dirigente de Vox al frente del parlamento aragonés tras una votación resuelta por un solo voto y la abstención de Teruel Existe. Dos mujeres, dos partidos, dos formas muy distintas de entender la derecha y la política institucional.

El parlamento aragonés estrena presidenta. Y lo hace con un cambio de registro tan pronunciado que cuesta creer que el cargo sea el mismo. Marta Fernández, la diputada de Vox que convirtió la segunda magistratura de Aragón en un foco permanente de polémica, deja paso a María Navarro, una abogada zaragozana de 42 años cuya carrera política se ha construido sobre el pragmatismo, la negociación y una discreción que contrasta radicalmente con el estilo de su predecesora. Un voto de diferencia. El mismo escaño. Dos mundos distintos.

La larga espera de María Navarro

Hay trayectorias políticas que se leen como una acumulación de "casi". Navarro estuvo a punto de ser candidata a la alcaldía de Zaragoza cuando Azcón dio el salto a la política autonómica. No fue, ya que el PP -y el propio Jorge Azcón- se decantó por Natalia Chueca. Estuvo cerca de ser consejera autonómica cuando el PP ganó las elecciones aragonesas en 2023. Pero tampoco fue el momento. En este caso, fue su propia decisión: rechazó el cargo pese al ofrecimiento de Jorge Azcón. Se quedó en las Cortes como diputada y portavoz adjunta, un papel relevante pero alejado del foco. Este martes, la espera terminó.

La nueva presidenta creció políticamente en el Ayuntamiento de Zaragoza, donde pasó casi una década a la sombra —y al lado— de Jorge Azcón. Fue ella quien gestionó las cuentas municipales en los años más tensos, como en la pandemia. Un trabajo de trinchera, poco glamuroso y nada aplaudido desde la opinión pública -y publicada-, que revela más del carácter de un político que cualquier discurso en el hemiciclo.

Antes de todo eso, con 28 años recién cumplidos, ya tenía callos en las manos de la política. Tras un tiempo en el despacho de abogados de Sáenz de Buruaga, entendió la política en mayúsculas durante su paso por la jefatura de gabinete de un consejero de la era Rudi, que coincide que a día de hoy es también consejero de Hacienda en funciones, Roberto Bermúdez de Castro. Cuando el senador José Atarés murió en 2013, heredó su escaño en la Cámara Alta. Lo ocupó durante dos años hasta su salto a la política municipal en su ciudad natal.

Zaragoza era su sitio. Y en Zaragoza construyó, ladrillo a ladrillo, una reputación de gestora fiable, moderada y leal. Tres virtudes que Azcón valoró lo suficiente como para llevársela a las Cortes cuando él mismo dio el salto. Y que el PP ha reconocido ahora colocándola al frente del parlamento aragonés, aunque solo sea con los votos propios —26 de 67— y gracias a que Vox y Teruel Existe prefirieron abstenerse antes que apoyar al candidato socialista.

El mandato de Marta Fernández: dos años de titular polémico

Si Navarro construyó su carrera evitando la controversia, su predecesora pareció cultivarla. Marta Fernández llegó a la presidencia de las Cortes en 2023 como símbolo del poder creciente de Vox en las instituciones aragonesas: fue la primera representante del partido de Abascal en presidir un parlamento autonómico en España. El hito histórico quedó empañado desde el primer día.

Antes de que el calor del cargo se enfriara, Fernández tuvo que borrar de sus perfiles en redes sociales un rastro digital incómodo: mensajes negacionistas sobre el cambio climático, críticas a las vacunas y arremetidas contra los medios de comunicación, publicados cuando era diputada y que de repente resultaban incompatibles con la imagen institucional que exige la segunda magistratura de Aragón. Los borró. Pero internet no olvida.

Lo que vino después no fue mejor. Un micrófono abierto la captó susurrando "¿Se droga?" mientras un diputado de IU intervenía en el pleno. La frase recorrió los medios de todo el país. Sobre el machismo dentro de su propio partido, su respuesta fue que Irene Montero "no sabe nada de la vida. Solo sabe arrodillarse para medrar". Y en sus redes, Pedro Sánchez aparecía calificado como "el dictador comunista".

Dos años de presidencia convertidos, con demasiada frecuencia, en dos años de gestión de polémicas. El cargo la superó o ella no quiso adaptarse a él. Probablemente las dos cosas. La diferencia entre ambas no es solo de partido ni de estilo. Es de concepción de lo que debe ser una institución.

Navarro llega con el mandato implícito de devolver a la presidencia de las Cortes una cierta normalidad institucional, de bajar el volumen y subir el tono. Si lo conseguirá es otra cuestión: gobierna con 26 votos en una cámara de 67 escaños, sin mayoría propia y con una aritmética que obliga a negociar cada paso.

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