El pueblo de Aragón que recibe una avalancha de personas en Semana Santa: “Bastantes autobuses”
Con poco más de un millar de habitantes censados, Albarracín afronta estos días uno de los momentos más intensos de su calendario turístico. La llegada de la Semana Santa marca el inicio de la temporada alta en este enclave de la Sierra de Albarracín, donde la afluencia de visitantes se multiplica de forma notable.
El alcalde del municipio, Daniel Úbeda, reconoce que las previsiones para este 2026 son positivas. “Son buenas, como todos los años”, señala, destacando que la Semana Santa constituye uno de los dos grandes picos turísticos junto al mes de agosto.
Días que superan incluso al verano
Aunque el volumen total de visitantes en agosto es mayor, el comportamiento del turismo en Semana Santa presenta particularidades. Según explica el regidor, hay jornadas concretas en estas fechas que llegan a superar en afluencia a días puntuales del verano, lo que evidencia la concentración de visitantes en un corto periodo de tiempo.
Este fenómeno marca el arranque real de la actividad turística tras los meses de invierno, tradicionalmente más flojos. “Es cuando arrancamos con el mayor flujo de visitas”, apunta Úbeda.
Un perfil de visitante definido… y en aumento
El turismo que recibe Albarracín durante estas fechas responde a un perfil mayoritariamente familiar y de pequeña escala, con presencia destacada de visitantes procedentes de Madrid y la Comunidad Valenciana.
No obstante, este año se ha detectado un incremento en el turismo organizado. “Hemos tenido bastantes autobuses con viajes programados”, subraya el alcalde, lo que refleja una creciente demanda estructurada hacia el destino.
El casco histórico, principal reclamo
El principal atractivo de Albarracín sigue siendo su casco antiguo, considerado uno de los conjuntos medievales mejor conservados de España. “Es lo que más busca la gente. Lo que más gusta es callejear”, explica Úbeda.
A este núcleo patrimonial se suman otros puntos de interés como la Catedral, el Castillo, el Palacio Episcopal o la Torre del Andador, que configuran una oferta cultural consolidada.
Naturaleza y patrimonio más allá del centro
Más allá del núcleo urbano, el entorno natural amplía la oferta turística del municipio. Las pinturas rupestres de arte levantino, situadas a escasos kilómetros, el paseo fluvial del río Guadalaviar o los Pinares de Rodeno completan un conjunto que combina patrimonio y paisaje.
En el entorno comarcal, espacios como las pasarelas de Calomarde o localidades cercanas como Bronchales refuerzan la capacidad de atracción del territorio.
El reto del turismo sostenible
El aumento de visitantes plantea también desafíos. El Ayuntamiento trabaja en medidas para compatibilizar la actividad turística con la vida cotidiana del municipio.
Entre ellas destaca la regulación de las viviendas de uso turístico, con el objetivo de limitar su peso al 5% del total. La iniciativa, en fase de tramitación, busca evitar la pérdida de población residente y facilitar el acceso a la vivienda a trabajadores y vecinos.
“Queremos que el casco antiguo no sea un decorado dedicado exclusivamente al turismo”, afirma el alcalde.
Desestacionalizar para equilibrar el modelo
Otra de las líneas estratégicas pasa por diversificar la llegada de visitantes a lo largo del año. Eventos como el Trail de Albarracín, celebrado recientemente, han demostrado su capacidad para atraer turismo en temporada baja.
El objetivo es reducir la concentración en fechas como Semana Santa y agosto, y generar actividad sostenida durante todo el calendario.
A la espera de recuperar la tradición cofrade
En el ámbito local, la programación de Semana Santa mantiene cierta incertidumbre. Tras un año sin participación activa de la cofradía en las procesiones, el municipio trabaja para recuperar esta tradición en 2026.
Históricamente, Albarracín celebraba actos como la ‘Rompida de la Hora’ y procesiones en Jueves y Viernes Santo, elementos que forman parte de su identidad cultural.
Un destino que multiplica su población
Durante estos días, Albarracín experimenta una transformación evidente. La llegada masiva de visitantes multiplica su población y convierte sus calles en uno de los principales focos turísticos de Aragón.
Un fenómeno que confirma el atractivo del municipio, pero que también obliga a gestionar el equilibrio entre crecimiento y sostenibilidad.
Porque en Albarracín, cada Semana Santa no solo marca el inicio de la temporada: marca también el desafío de mantener su esencia frente al éxito turístico.

