Los trabajos que aplauden la regularización masiva de migrantes: pladuristas, tabiqueros…

La patronal de la construcción habla de una necesidad de hasta 700.000 trabajadores en España y la hostelería admite que sin personal migrante no podría sostenerse. El campo pide que el proceso tenga en cuenta sus campañas.

La regularización anunciada por el Gobierno ha encontrado una de sus defensas más nítidas en el terreno económico: la falta de trabajadores en sectores esenciales. Construcción, hostelería, agricultura y ganadería coinciden en el diagnóstico: hacen falta manos y muchas empresas dependen ya, de forma estructural, de población migrante que trabaja y cotiza.

En el sector de la construcción, la reacción ha sido especialmente clara. “Nosotros estábamos deseando que hubiese una legalización de personas”, afirma en declaraciones a La Sexta, Francisco Zamora Catalá, presidente de la Federación Valenciana de Empresarios de la Construcción. Su argumento se apoya en un dato que resume la urgencia del sector: “A nivel nacional, unas 700.000 personas harían falta en toda España”.

La carencia se nota tanto en obra nueva como en rehabilitación y en el día a día de las empresas. Y no se trata de una demanda genérica: los perfiles son concretos y, en muchos casos, difíciles de cubrir. “Se necesitan pladuristas, gente que pueda acabar cubiertas, tabiqueros…”, enumera Javier Rosario a La Sexta, formador y técnico en prevención en una fundación valenciana que ya imparte cursos a migrantes orientados a la construcción.

Entre los alumnos está François, que se prepara para entrar en un mercado que, según le han contado, ofrece oportunidades inmediatas. “He escuchado siempre que hay mucho trabajo en la construcción. Tengo ganas de trabajar”, explica. Su caso es el ejemplo práctico de lo que el sector defiende: convertir una realidad laboral existente —personas dispuestas a trabajar en oficios con demanda— en un marco legal que permita formalizar contratos, cotizaciones y estabilidad.

Hostelería: “La realidad está ahí”

La hostelería comparte el mismo enfoque. Ramón García, presidente de la Asociación de Hostelería de Santiago de Compostela, considera que la regularización “normaliza algo que ya se da siempre”. En un sector con alta rotación y campañas intensas, la presencia de trabajadores migrantes es ya habitual. De hecho, apunta que “uno de cada tres” empleados en el sector es migrante.

La conclusión, para el representante hostelero, es directa: “¿Si el sector de la hostelería podría trabajar sin este tipo de personal? Yo creo que no, es necesario. La realidad está ahí”. La regularización, sostienen, puede aliviar la tensión en plantillas y ayudar a cubrir vacantes que se cronifican, especialmente en cocinas, limpieza y sala.

El campo pide ser tenido en cuenta

En el ámbito agrario y ganadero, la medida también se valora como una respuesta a una demanda histórica. “Es una demanda desde hace mucho tiempo, sobre todo ante la falta de mano de obra que, en ocasiones, tenemos en el campo”, señala Andrés Góngora, responsable de Relaciones Laborales de COAG.

La misma línea mantiene Cristóbal Cano, secretario general de UPA, que vincula la medida tanto a la falta de personal como al reto demográfico en el medio rural: “Tendremos mayores facilidades para cumplimentar nuestras cuadrillas, van también a ayudar al problema demográfico que tenemos en el medio rural”.

Eso sí, desde las organizaciones agrarias lanzan una advertencia: el proceso debe contar con el sector y adaptarse a sus tiempos y necesidades, marcados por campañas, desplazamientos y picos de contratación. Para el campo, regularizar no es solo un debate político: es una cuestión de poder recoger cosechas, sostener explotaciones y garantizar relevo en zonas donde cada trabajador cuenta.

Una medida con impacto en la economía real

El relato que emerge desde estos sectores es común: la mayor parte de los migrantes ya están integrados en el mercado laboral y sostienen actividades clave. La regularización, defienden, puede reducir economía sumergida, aportar seguridad jurídica a empresas y trabajadores y aliviar una carencia de mano de obra que, lejos de ser coyuntural, se ha convertido en estructural.

Con todo, el éxito de la medida dependerá de cómo se concrete: plazos, requisitos, coordinación con sectores y capacidad administrativa para tramitar miles de expedientes. Mientras tanto, construcción, hostelería y campo lo resumen con una frase que se repite en distintos puntos del país: faltan manos, y regularizar puede ser una forma de encontrarlas.

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