Madrid no para de comerse a si misma con tiendas gigantescas en su kilómetro cero
Hay una forma de medir lo que le está pasando a Gran Vía que no aparece en ningún informe del sector: contar los locales de menos de 200 metros que quedan en pie entre Alcalá y Plaza de España. Cada año son menos.
Cada año, alguna cadena internacional firma un contrato de alquiler por un espacio que antes ocupaban tres o cuatro negocios, los derriba por dentro y levanta una megatienda con pantallas del suelo al techo.
La apertura de Druni en el número 43 —más de 1.000 metros cuadrados, a cuatro números de su rival Primor— es solo el último episodio de una transformación que ya lleva años sin marcha atrás.
Los precios de alquiler en Gran Vía se mueven entre los 250 y los 350 euros por metro cuadrado al mes en los tramos más cotizados, según datos del mercado inmobiliario comercial. A esos precios, un local de 100 metros cuesta más de 25.000 euros mensuales solo de renta. Para una tienda de zapatos familiar, una papelería o una ferretería, esa cifra es directamente imposible. Para Druni, Primark, H&M o Zara, es el coste de estar donde tienen que estar.
El resultado es una avenida que se parece cada vez más a sí misma en cualquier otra capital europea. Las mismas marcas, los mismos colores corporativos, los mismos carteles en inglés. Lo que se pierde en el camino es más difícil de cuantificar: la librería que llevaba tres décadas en el mismo local, la tienda de discos que resistió hasta que no pudo más, el bar de bocadillos que daba de comer a los trabajadores del barrio.
Druni y Primor, frente a frente en el tramo más disputado
La nueva apertura de Druni en el número 43 no es solo una expansión comercial. Es una declaración de guerra a Primor, que ocupa el número 39. Menos de cien metros entre dos megatiendas de perfumería que se disputarán exactamente el mismo cliente: el turista con bolsa de compras, el madrileño que sale del metro de Callao, el que pasa por allí sin intención de comprar nada y acaba entrando. En retail, eso se llama competencia directa. En Gran Vía, en 2026, es simplemente el paisaje habitual.
Druni llega con 48 locales ya abiertos en la Comunidad de Madrid y una estrategia clara: los grandes formatos en ubicaciones premium generan marca, no solo ventas. Una tienda de 1.000 metros en Gran Vía vale más como soporte publicitario que cualquier campaña en redes sociales. El cliente entra, lo fotografía, lo comparte. La tienda se convierte en contenido.
Lo que le ocurre a Gran Vía lleva años repitiéndose en las grandes arterias comerciales de las capitales europeas. Oxford Street en Londres, los Campos Elíseos en París, la Ermou en Atenas.
El pequeño comercio no desaparece: se desplaza. Se va a las calles secundarias, a los barrios con alquileres más bajos, a los mercados de proximidad. Gran Vía, mientras tanto, sigue comiéndose a sí misma. Un local más, una bandera corporativa más, mil metros cuadrados más de una ciudad que ya casi no se reconoce en su kilómetro cero.


