Los motivos por los que no hubo otra DANA en Valencia como en 2024: los casos de Chiva y Turis
La borrasca de origen extratropical que ha barrido la Comunitat Valenciana dejó este domingo un episodio de precipitaciones intensas, pero con un patrón radicalmente distinto al del 29 de octubre de 2024. Entonces, las tormentas quedaron ancladas sobre el interior y dispararon los caudales hacia la llanura costera.
Esta vez, la mayor actividad convectiva se concentró sobre el mar y el litoral, con núcleos muy móviles y descargas puntualmente torrenciales junto a la costa, lo que mitigó las aportaciones desde cuencas altas y medias.
Turís y Chiva: del récord a un episodio contenido
Turís, que hace un año batió registros con más de 700 litro por metro cuadrado en pocas horas, ha quedado lejos de aquel hito: el pluviómetro de Canyapar sumó 38 litro por m2, casi veinte veces menos. En Chiva, donde en 2024 se rozaron los 500 litro por metro cuadrado en un día, el acumulado de anoche quedó en torno a 40 litro por metro cuadrado.
Esa “ligereza” relativa en el interior —sin menospreciar las cantidades— impidió que barrancos como el del Gayo, Cueva Morica, Grande, Poyo u Horteta trasladaran grandes volúmenes hacia l’Horta Sud, como sí ocurrió el año pasado.
El mismo comportamiento se observó en Chera, Bugarra, Gestalgar y Pedralba. En 2024, sus aportes desde el Alto Turia empujaron caudales por encima de los 1.000 metro cúbico por segundo hacia el plan sur. En esta ocasión, las lluvias fueron moderadas y similares entre municipios vecinos, con sumas diarias de 40–45 litro por metro cuadrado.
En la cabecera del Magro, los registros fueron escuetos: 2–7 litro por metro cuadrado en Utiel y Requena, en torno a 20 en Buñol y cerca de 30 en Yátova, Alborache y Macastre —estos tres, muy próximos al pantano de Forata—. Esa moderación aguas arriba evitó problemas mayores río abajo, especialmente en Cullera, donde una crecida descontrolada del Magro habría complicado el comportamiento del Júcar.
¿Qué cambió respecto a 2024?
Dos factores clave: movilidad y emplazamiento de las células tormentosas. A diferencia del 29 de octubre de 2024 —cuando los núcleos convectivos fueron persistentes y estacionarios sobre puntos del interior—, ahora las tormentas se movieron con rapidez y la mayor energía se descargó en el Mediterráneo, varias millas mar adentro. Ese “escape” al mar alivió a las cuencas interiores y rebajó el riesgo de avenidas súbitas.
El mayor impacto se concentró en el borde litoral: Gandia, Sueca y Cullera registraron trombas con acumulados que superaron los 200 l/m² en pocas horas. Desde la línea de costa las precipitaciones penetraron hacia el interior, alcanzando Barx y Pinet con cantidades significativas. Es justo el patrón inverso al de 2024: entonces, las ramblas llegaron cargadas desde el interior a una franja costera donde apenas había llovido; ahora, la costa recibió la primera y mayor pegada.
El reparto espacial de la lluvia ha reducido el riesgo de crecidas peligrosas en barrancos y cauces interiores, aunque los episodios torrenciales de la franja litoral obligaron a extremar precauciones. Con los embalses clave sin grandes aportes repentinos y los principales afluentes contenidos, el sistema ha soportado mejor el envite. Aun así, la combinación de chubascos intensos, suelos ya húmedos y red de drenaje saturable exige mantener la atención ante nuevas bandas de precipitación que puedan reactivarse en las próximas horas. Que casi seguro se volverán a repetir.


