Juanma Castaño (48) dice del Real Zaragoza lo que piensa toda España
“El fútbol español no puede perder un club como el Real Zaragoza”. La frase, lanzada por Juanma Castaño en su comentario matinal con Carlos Herrera en COPE, ha resonado más allá de los micrófonos. No es un tópico ni un comodín: es la constatación de un derrumbe que ya no admite paños calientes y que ha convertido al conjunto aragonés en noticia nacional por las peores razones.
El pasado sábado, la Cultural Leonesa firmó un 0–5 en el Ibercaja Estadio —el recinto modular que sustituye provisionalmente a La Romareda por las obras— en el amargo debut de Emilio Larraz. Fue el enésimo golpe de una temporada que, tras diez jornadas, deja al Zaragoza colista de Segunda División con solo seis puntos (una victoria y tres empates). La permanencia, ahora mismo, queda a cinco puntos. Queda liga, sí; pero también queda un mundo por recorrer para un equipo que no arranca.
En COPE, Castaño puso el foco en el tamaño del agrietamiento: “Estamos hablando de una de las ciudades más importantes de España y de un club histórico. ¿Qué le pasa al Real Zaragoza? Está buscando entrenador y es una trituradora absoluta de jugadores y de entrenadores”. La palabra “histórico” no es un adorno: el Zaragoza forma parte del patrimonio emocional de la Liga, con títulos nacionales e internacionales y una masa social que vertebra a toda una ciudad. Que hoy duerma último no es un dato más; es una alarma.
La goleada ante la ‘Cultu’ condensó los males: fragilidad defensiva, desconexión anímica y una incapacidad para competir que arrastra al equipo en cada desliz. La transición en el banquillo no ha servido, de momento, como revulsivo. Mientras tanto, el contexto tampoco ayuda: jugar fuera de La Romareda —en plena transformación— ha restado referentes y el calor del público.
Castaño no habló solo desde la nostalgia, sino desde la advertencia: “Es digno de análisis”. Lo es, porque el problema trasciende lo deportivo y roza lo estructural. En una década larga en Segunda, el Zaragoza ha encadenado proyectos, cambios de entrenador y plantillas reconstruidas sin encontrar una línea de continuidad. El resultado es una trituradora de expectativas de la que el equipo no logra escapar.
Y lo que viene no invita a la relajación. En el calendario asoman dos compromisos de alta exigencia: visita a El Molinón para medirse a un Sporting en racha desde la llegada de Borja Jiménez, y una semana después, recepción al Deportivo, instalado en la zona noble. Son dos exámenes de madurez… o de supervivencia.
El alegato de Castaño es, en el fondo, un llamamiento: el fútbol español no puede permitirse perder al Real Zaragoza del mapa profesional. Ni por historia, ni por afición, ni por lo que significa para la competición. Pero los discursos, por sí solos, no salvan descensos.
Al club le toca acertar —en el banquillo, en el vestuario y en la gestión— y al equipo, sumar. El resto, todo el ruido, solo se apaga con puntos. Mientras tanto, la advertencia queda escrita: un histórico está al borde del abismo, y el tiempo corre.


