Protesta de hartazgo de la afición del Real Zaragoza contra los dueños del club: este sábado en el Ibercaja Estadio
La tarde de este sábado en el Ibercaja Estadio tiene todos los ingredientes de un partido irrepetible, y no solo por lo que se juega en el marcador. El Real Zaragoza recibe al Burgos CF en uno de los partidos más decisivos de las últimas temporadas, con el descenso a Primera RFEF sobrevolando el estadio como una amenaza muy real.
Pero antes del pitido final, y mientras el equipo salta al césped con la necesidad imperiosa de ganar, la afición va a mandar un mensaje que trasciende el fútbol: una pitada colectiva en el minuto 32, en referencia al año de fundación del club, como gesto de rechazo a la gestión de la actual directiva.
La iniciativa la han convocado las peñas zaragocistas, que han unido fuerzas bajo un lema que resume el sentir de buena parte de la grada: "Nuestro amor es su negocio". Tres organizaciones respaldan la protesta: la Federación de Peñas del Real Zaragoza, Gol de Pie y Ligallo. Juntas representan a miles de aficionados que llevan meses viendo cómo el club que quieren se hunde en la tabla sin que desde los despachos lleguen explicaciones ni decisiones que den señales de vida.
El minuto 32 y la Agapitada: cuando la historia se repite
La elección del minuto 32 no es casual. El Real Zaragoza fue fundado en 1932 y ese número lleva décadas funcionando como símbolo de identidad del zaragocismo. Utilizarlo como momento de la protesta es una forma de decir que lo que está en juego no es solo una temporada, sino la continuidad de un proyecto que arrancó hace casi un siglo.
Los propios aficionados han trazado el paralelismo con la Agapitada, aquella sonora pitada histórica que la afición dedicó a Agapito Iglesias en una época de gestión igualmente cuestionada. La comparación no es baladí: la situación actual, con el equipo como colista de Segunda División tras 13 temporadas consecutivas en la categoría, evoca los momentos más oscuros de la historia reciente del club. "La famosa Agapitada se vuelve a desempolvar", han señalado los colectivos convocantes, haciendo explícita esa conexión con el pasado.
«El escudo no se abandona. No luchamos por los del palco»
El mensaje central de la movilización es una declaración de principios que merece leerse despacio: "El escudo no se abandona. No luchamos por los del palco, luchamos por nuestra historia". Con esa frase, las peñas quieren dejar claro que su protesta no implica darle la espalda al equipo, sino todo lo contrario: es una exigencia de que quienes gestionan el club estén a la altura de lo que representa.
El rechazo es, según los propios colectivos, "total" a la gestión de la entidad. Los aficionados consideran que la actual directiva —con los accionistas Oughourlian, Jorge Mas y el entorno del Atlético de Madrid en el punto de mira— es directamente responsable de la situación deportiva. La ausencia de los propietarios, la falta de explicaciones públicas y los cambios en la dirección deportiva que no han dado resultado han ido acumulando un malestar que este sábado encontrará su expresión más visible.
Protestar y animar: dos gestos en el mismo partido
Hay algo que las peñas han querido subrayar con especial énfasis: la protesta no significa abandonar al equipo. El plan es claro: pitada en el minuto 32, y a partir de ahí, todo el apoyo posible para intentar que el Zaragoza consiga los tres puntos que necesita con tanta urgencia.
No es una contradicción. Es la forma que tiene una afición de demostrar que puede separar lo que siente por el escudo de lo que opina sobre quienes lo gestionan. El capitán Francho Serrano ya lanzó su llamada a la grada hace unos días: "Os necesitamos a todos hasta el final, no estamos muertos". Las peñas han recogido ese guante y van a responder, aunque con un matiz que los propietarios del club harían bien en no ignorar.
Lo que hay en juego: 13 temporadas y un abismo
El contexto del partido lo dice todo. El Real Zaragoza es el colista de Segunda División, a seis puntos de la salvación. Trece temporadas consecutivas en el fútbol profesional están en riesgo. Caer a Primera RFEF —la nueva denominación de lo que era Segunda División B— supondría el golpe institucional y deportivo más duro que ha sufrido el club en décadas, con consecuencias económicas y de imagen difíciles de calibrar a corto plazo.
El partido ante el Burgos CF es, en ese contexto, mucho más que tres puntos. Es un punto de inflexión. Una derrota hundiría al equipo aún más en el pozo y probablemente aceleraría los cambios en el banquillo y en la dirección deportiva que ya se dan por inevitables. Una victoria no resolvería nada, pero mantendría viva una llama que cada semana que pasa parece más tenue.

