La Antártida ha perdido en 30 años una superficie de hielo como diez ciudades del tamaño de Madrid: el primer mapa global lo confirma
Un equipo de glaciólogos de la Universidad de California en Irvine ha publicado el primer mapa continental completo que muestra cómo ha retrocedido la línea de cimentación de la Antártida —el punto donde el hielo continental toca el océano— a lo largo de los últimos treinta años.
Los resultados, publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, revelan que entre 1996 y 2026 el continente helado ha perdido 12.820 kilómetros cuadrados de hielo cimentado, una superficie equivalente a diez ciudades del tamaño del área metropolitana de Los Ángeles, o lo que es lo mismo, una ciudad entera cada tres años.
El estudio, financiado por la NASA y elaborado con datos de más de una docena de misiones satelitales de diferentes países, ofrece por primera vez una visión global y sistemática de un fenómeno que hasta ahora solo se había documentado de forma parcial en regiones concretas.
"Llevamos treinta años sabiendo que la línea de cimentación es críticamente importante, pero esta es la primera vez que la hemos cartografiado de forma completa en toda la Antártida durante un período tan largo", explicó Eric Rignot, investigador principal del estudio y profesor distinguido de la UC Irvine.
El 77% permanece estable, pero donde retrocede lo hace a fondo
El dato más llamativo del estudio es, paradójicamente, el que describe la estabilidad: el 77% de la costa antártica no ha experimentado ningún movimiento en su línea de cimentación desde 1996. La mayor parte del continente helado sigue igual que hace treinta años. El problema es lo que ocurre en el 23% restante.
En las regiones vulnerables —principalmente la Antártida Occidental, la Península Antártica y algunas zonas de la Antártida Oriental— el retroceso ha sido espectacular. En promedio, el conjunto del continente ha perdido 442 kilómetros cuadrados de hielo cimentado al año. Pero los datos por glaciar revelan la verdadera dimensión del problema: el glaciar Smith ha retrocedido 42 kilómetros, el glaciar Pine Island 33 kilómetros, el glaciar Thwaites 26 kilómetros. Cifras que, en términos geológicos, representan cambios extraordinariamente rápidos.
"Es como un globo que no está pinchado en todas partes, pero donde está pinchado, lo está muy profundamente", describió Rignot con una metáfora que resume bien la distribución desigual del problema. Los peores daños se concentran en las regiones donde los vientos empujan agua oceánica cálida hacia los glaciares, erosionando el hielo desde abajo. "Ahí es donde vemos las grandes heridas de la Antártida", señaló el investigador.
Un misterio en la Península Antártica que los científicos no saben explicar
Uno de los hallazgos más inquietantes del estudio es la existencia de una región donde el retroceso del hielo no tiene explicación conocida. En la Península Antártica nororiental, glaciares como el Edgeworth —que ha retrocedido 16 kilómetros—, el Hektoria —21 kilómetros— o el Green —16 kilómetros— han seguido encogiéndose de forma significativa sin que los científicos hayan encontrado evidencia de la presencia de agua oceánica cálida en la zona, que es el mecanismo habitual que explica el deshielo en otras regiones.
"En este lado de la Península hay un retroceso sustancial y no tenemos evidencia de agua cálida", admitió Rignot. "Algo más está actuando. Sigue siendo un signo de interrogación". Una incógnita que los investigadores esperan resolver en futuros estudios y que, mientras tanto, añade una capa de incertidumbre a los modelos de predicción del deshielo polar.
Por qué este mapa importa para predecir la subida del nivel del mar
Más allá de documentar lo que ha ocurrido, el valor principal de este estudio es su utilidad como referencia para los modelos que intentan predecir la futura subida del nivel del mar. Los modelos climáticos que se usan para hacer proyecciones deben poder reproducir este registro de treinta años si quieren tener credibilidad para sus predicciones de futuro.
"Los modelos tienen que demostrar que pueden reproducir este registro de treinta años para poder reclamar credibilidad en sus proyecciones", subrayó Rignot. "Si un modelo no puede reproducir este registro, el equipo de modelización tendrá que volver al punto de partida y descubrir qué condición de contorno o qué física está faltando". Un criterio de validación que, por primera vez, tiene una base empírica continental y sistemática sobre la que apoyarse.
La otra cara del estudio es, según los propios autores, motivo de un alivio relativo: que el 77% de la Antártida permanezca estable es una buena noticia. "Tal vez deberíamos sentirnos afortunados de que toda la Antártida no esté reaccionando ahora mismo, porque estaríamos en muchos más problemas", reconoció Rignot. "Pero ese podría ser el siguiente paso".