La alergia que puede matar a un niño en minutos y que casi ningún colegio de España sabe cómo frenar
Uno de cada doce menores de 14 años en España tiene alergia alimentaria. Cualquiera de ellos puede sufrir una anafilaxia, la reacción alérgica más grave que existe, capaz de provocar una parada cardiorrespiratoria en cuestión de minutos. Pese a ello, la mayoría de los colegios del país sigue sin contar con un protocolo definido de actuación. No hay legislación nacional que lo exija. Y cada curso que pasa sin regularizarlo es, según los especialistas, un riesgo real para la vida de los niños.
Qué es la anafilaxia
La anafilaxia no es una alergia más intensa. Es una reacción sistémica grave que afecta a varios órganos a la vez y que actúa en cascada: en pocos minutos puede desencadenar un shock y, si no se interviene a tiempo, una parada cardiorrespiratoria. En España, tiene un desenlace fatal en hasta un 2% de los casos, según datos de la Clínica Universitaria de Navarra.
En niños, la principal causa es el contacto con alimentos. Leche, huevo, frutos secos, pescado y marisco son los alérgenos más frecuentes. Un bocado equivocado en el comedor escolar, un postre con trazas no declaradas, el contacto accidental con el almuerzo de un compañero: cualquiera de esos escenarios puede desencadenar una reacción que, sin la medicación adecuada y sin alguien que sepa administrarla, puede acabar en tragedia.
El medicamento que salva la vida en esos casos es la adrenalina intramuscular, administrada mediante un autoinyector. Es de acción rápida y los médicos lo prescriben a los niños alérgicos con la indicación de llevarlo encima en todo momento. El problema es que, cuando la reacción ocurre en un colegio, la adrenalina suele estar en la mochila del niño o en la enfermería, y el personal que rodea al menor muchas veces no sabe que existe, dónde está o cómo usarla.
Sin ley, sin protocolo, sin formación
En abril de 2026, la Asociación Española de Personas con Alergia a Alimentos y Látex (AEPNAA) llevó esta situación al Congreso de los Diputados. En la jornada 'Cada minuto cuenta: por unas escuelas seguras frente a la anafilaxia', la asociación presentó un manifiesto respaldado por las principales sociedades científicas del ámbito alergológico: la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP) y la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI).
El documento reclama cinco medidas prioritarias: protocolos nacionales homogéneos en todos los centros escolares, planes individualizados para cada alumno alérgico, formación de toda la comunidad educativa, disponibilidad de adrenalina en espacios públicos y coordinación entre los ámbitos sanitario y educativo. Ninguna de ellas está garantizada hoy por ley.
Amapola Munuera, farmacéutica especializada en alergia alimentaria y miembro de AEPNAA, formada en el Imperial College de Londres y socia de la EAACI, fue una de las voces que participaron en esa jornada. Su mensaje fue claro: "La adrenalina administrada de forma precoz consigue resolver satisfactoriamente la mayoría de las anafilaxias. Por eso, es fundamental que el personal escolar sepa reconocer los síntomas y actuar sin demora". El retraso en la administración, insiste, no es un problema menor: "El principal riesgo es no ponerla a tiempo".
Cómo se usa un autoinyector de adrenalina
La formación que se reclama para el personal escolar no es compleja. Munuera explica que el procedimiento es sencillo y que cualquier adulto puede aprenderlo con una formación básica.
El primer paso es retirar el tapón de seguridad del autoinyector, siempre por el extremo opuesto a la zona de salida de la aguja. A continuación, hay que sujetar el dispositivo con firmeza con la mano dominante, rodeándolo con el puño cerrado. La inyección se aplica exclusivamente en la parte exterior del muslo, incluso a través de la ropa si la situación lo requiere, presionando con firmeza durante aproximadamente tres segundos antes de retirar el dispositivo. Después, se masajea ligeramente la zona y se llama de inmediato a los servicios de emergencia.
Para comprobar que la medicación se ha administrado correctamente basta con observar la ventana de control del autoinyector: se oscurece tras la aplicación. Munuera recomienda llevar siempre dos autoinyectores, ya que en algunos casos puede ser necesaria una segunda dosis mientras llega la atención médica. El efecto de la adrenalina dura dos horas, por lo que el traslado a urgencias es obligatorio aunque el niño parezca recuperado.
Ante la duda, la especialista es tajante: es preferible administrar la adrenalina aunque no haya certeza absoluta de que se trata de una anafilaxia. "El principal riesgo es no ponerla a tiempo", repite.
Almacenamiento y caducidad
Más allá de saber usarla, el protocolo que se reclama debe contemplar también cómo se almacena la medicación. Los autoinyectores deben conservarse en condiciones adecuadas de humedad y a una temperatura inferior a 25 grados, correctamente identificados y accesibles para garantizar una respuesta inmediata. Lo ideal, según Munuera, es que estén bajo la supervisión de un enfermero escolar. Además, su caducidad es de aproximadamente seis meses, lo que obliga a establecer sistemas de renovación periódica.
Son detalles que, en ausencia de un protocolo obligatorio, quedan a criterio de cada centro. La consecuencia práctica es que la seguridad de un niño con alergia grave depende, en buena medida, del colegio al que va y de la buena voluntad de quienes trabajan en él. Eso es lo que el manifiesto 'Cada minuto cuenta' pide que cambie.

