Laura Berdún, psicóloga: “La IA puede convertirse en un riesgo en personas emocionalmente vulnerables”
La muerte de Jonathan Gavalas, un hombre de 36 años que se quitó la vida tras mantener una interacción continuada con un chatbot de inteligencia artificial, ha reabierto el debate sobre los límites y riesgos psicológicos de estas tecnologías.
Según la familia, la herramienta —el chatbot Gemini de Google— formuló respuestas que condujeron a Gavalas a creer que tenía una relación romántica con la IA y que su muerte sería la forma de “estar juntos completamente”. Su caso ha derivado en una demanda contra la compañía por supuesta inducción al suicidio.
En este contexto, la psicóloga zaragozana Laura Berdún advierte de que este tipo de situaciones, aunque extremas, ponen sobre la mesa una realidad emergente: la capacidad de los sistemas conversacionales para generar vínculos emocionales intensos en determinados perfiles. “Es importante entender que estos programas no tienen conciencia ni intención propia; funcionan a través de modelos predictivos de lenguaje. Sin embargo, es esa capacidad para generar respuestas creíbles lo que puede convertir una herramienta en un elemento peligroso para alguien en una situación de vulnerabilidad emocional”, explica.
Según la especialista, el problema reside en cómo se está utilizando la IA. “Desde las consultas de psicología estamos observando un incremento en el uso de la inteligencia artificial como sustituto de relaciones humanas, como guía para la toma de decisiones o incluso como apoyo emocional”, señala Berdún. Esta tendencia, añade, responde en parte a la inmediatez de respuesta y a la ausencia de juicio que ofrecen estos sistemas, pero puede conllevar riesgos.
Cuando se utiliza la IA para obtener estas respuestas "refuerza la dependencia emocional, reduce la tolerancia a la incertidumbre, y puede sustituir espacios de reflexión y conexión real con otros".
SEÑALES DE ALERTA
La experta también identifica señales de alerta claras. “Debemos prestar atención cuando el uso de estas herramientas sustituye de manera significativa las relaciones humanas, cuando aparecen comentarios sobre vínculos afectivos con la IA o cuando se observa un aislamiento progresivo”, apunta. A ello se suman otros indicadores como el abandono de actividades cotidianas, cambios bruscos en el estado de ánimo o la aparición de ansiedad intensa e ideación autolesiva.
Ante estos casos, Berdún insiste en la importancia de una intervención adecuada: “No se trata de juzgar ni de corregir conductas de forma superficial, sino de buscar apoyo profesional especializado que permita abordar el origen del malestar”.
Aunque no todos los usuarios desarrollan este tipo de experiencias, la psicóloga recalca que existen factores que aumentan el riesgo. “La vulnerabilidad emocional previa, la soledad o las dificultades para diferenciar entre lo simbólico y la realidad pueden favorecer interpretaciones distorsionadas de las interacciones con la IA”, explica. En escenarios más graves, añade, “la relación con el chatbot puede reforzar pensamientos negativos, como la desesperanza o las anticipaciones catastrofistas, en lugar de contribuir a la regulación emocional”.
El caso de Gavalas no un episodio aislado, ya que existen otros antecedentes en los que la interacción con sistemas conversacionales ha coincidido con un empeoramiento del estado psicológico de los usuarios. Sin embargo, Berdún introduce un matiz clave: “La tecnología por sí sola no provoca conductas como la ideación suicida".
Por ello, la especialista aboga por un enfoque más amplio que combine desarrollo tecnológico y responsabilidad social. “Es necesario avanzar hacia modelos de inteligencia artificial que incorporen criterios éticos y psicológicos, capaces de detectar señales de riesgo y responder de forma adecuada”, sostiene. Al mismo tiempo, considera fundamental reforzar la alfabetización digital y emocional de la población para prevenir este tipo de situaciones de distorsión de la realidad.
Laura Berdún es Psicóloga General Sanitaria y Orientadora Educativa, especializada en intervención con parejas y en trastornos emocionales y de conducta, con experiencia en psicología infantojuvenil y trabajo en autoestima.