El anillo inteligente que Donald Trump quiere que lleven todos los estadounidenses... y que España aún no conoce

Robert Kennedy Jr. quiere un Oura Ring en la muñeca de cada ciudadano; el dispositivo ya tiene un contrato de 96 millones con la agencia sanitaria del Pentágono

A simple vista parece un anillo normal. No tiene pantalla, no hace ruido y cabe en cualquier dedo. Pero el Oura Ring, fabricado por la empresa finlandesa Oura, es hoy el wearable de salud más popular de Estados Unidos y el dispositivo que Robert Kennedy Jr., secretario del Departamento de Salud de la administración Trump, querría ver en la mano de cada estadounidense antes de 2030.

Un objetivo ambicioso para un anillo que empezó su vida en una campaña de Kickstarter en 2016 y que hoy vale 11.000 millones de dólares.

De campaña de crowdfunding a contrato con el Pentágono

La historia del Oura Ring es la de una startup que encontró el momento justo. Lanzada en Finlandia hace una década, Oura tardó años en despegar. El salto llegó con la pandemia, cuando el interés por monitorizar la salud desde casa se disparó. Hoy la empresa controla casi el 70% de todo el mercado estadounidense de anillos inteligentes, un segmento que ha crecido un 195% en apenas un año. Su valoración se ha quintuplicado en cuatro años.

El dispositivo mide frecuencia cardíaca, temperatura corporal, calidad del sueño, ciclo menstrual y otros parámetros vitales, generando lo que sus creadores describen como una "instantánea clínica" del usuario. Sin cables, sin pantalla, sin necesidad de cargarlo cada día. Eso es lo que lo diferencia de un smartwatch convencional: pasa desapercibido y funciona de forma continua, también de noche.

Ese perfil discreto y su capacidad de monitorización prolongada le han granjeado un cliente de peso: la Defense Health Agency (DHA), la agencia sanitaria del Pentágono. El contrato firmado entre ambas entidades asciende a 96 millones de dólares y ha llevado a Oura a abrir una nueva fábrica en Texas para suministrar el dispositivo a miles de empleados de las fuerzas armadas estadounidenses. Un salto de escala que ha transformado la imagen de la compañía y ha disparado sus inversiones en lobby en Washington.

Kennedy Jr. y el sueño de un anillo para cada ciudadano

El respaldo político al Oura Ring tiene nombre propio: Robert Kennedy Jr. El secretario de Salud, figura central del movimiento MAHA (Make America Healthy Again) que acompaña a la administración Trump, ha manifestado públicamente su deseo de que todos los estadounidenses lleven un dispositivo de este tipo en un plazo de cuatro años. El argumento es sanitario y económico a la vez: la monitorización continua de parámetros vitales permitiría detectar enfermedades en fases tempranas, reduciendo así los costes de un sistema sanitario que en Estados Unidos es, además, extraordinariamente caro.

La simpatía de la administración no es casual. Oura lleva tiempo trabajando entre bastidores para ganarse el favor político, y el contrato con el Pentágono fue un primer paso decisivo. Ahora el objetivo es más ambicioso: cambiar el marco regulatorio que limita las funciones del dispositivo.

El obstáculo de la FDA y la apuesta por una tercera categoría

Aquí es donde entra en juego la regulación. La Food and Drug Administration (FDA) clasifica actualmente los wearables en dos categorías: productos de bienestar general —donde está el Oura Ring hoy— y dispositivos médicos propiamente dichos. La primera categoría limita las funciones del aparato. La segunda requiere un largo y costoso proceso de homologación.

Tom Hale, CEO de Oura, ha presentado una propuesta para salir de ese callejón: crear una tercera categoría híbrida que incluya dispositivos capaces de alertar al usuario sobre posibles patologías sin emitir un diagnóstico clínico formal. Una distinción sutil pero con grandes implicaciones prácticas, ya que permitiría al Oura Ring incorporar funciones como la medición de la presión arterial —en la que la empresa lleva tiempo trabajando— sin pasar por el proceso completo de aprobación como dispositivo médico.

La propuesta está sobre la mesa. Y con la administración Trump predispuesta a reducir trabas regulatorias en varios sectores, las condiciones políticas para que prospere no parecen desfavorables.

Un mercado en ebullición y un liderazgo por consolidar

El éxito del Oura Ring no ha pasado desapercibido para la competencia. Apple, Samsung y Google han entrado o están entrando en el segmento de los wearables de salud con sus propios dispositivos. Pero Oura lleva ventaja: años de datos, una base de usuarios fiel y, ahora, el respaldo explícito de una administración que ha hecho de la salud preventiva uno de sus ejes de comunicación.

Si Kennedy Jr. consigue lo que se propone, el anillo finlandés podría convertirse en el termómetro de la salud pública de la primera potencia mundial. Un recorrido improbable para una empresa que hace diez años pedía financiación en Kickstarter.

Comentarios