Una condena de cuatro años de cárcel termina en absolución y entre abrazos del encausado con su grupo de amigos
Un juicio contra la salud pública que presidía la sección primera de la Audiencia Provincial de Zaragoza. En el banquillo, un joven de Pamplona acusado de un delito de drogas y al que la Policía Local de Zaragoza le incautó varios gramos de speed y otras sustancias estupefacientes.
Mar Fernández, abogada penalista de la capital navarra, acompañaba desde Pamplona a su cliente y a tres amigos de éste a los que en su defensa había llamado a declarar. El caso no era fácil ya que el Ministerio Fiscal pedía 4 años de prisión para el encausado, un chico sin antecedentes penales. A su abogada le ofrecieron un acuerdo para no celebrar el juicio; rebajar la condena de esos cuatro años, a uno y medio de cárcel. Finalmente, no aceptó y la vista se celebró.
La historia tuvo lugar en la madrugada del 4 al 5 de enero de 2025, cuando un grupo de diez amigos viajaban hasta la capital aragonesa desde Navarra para asistir a un concierto de Dj que a la novia de uno de ellos, cuyo cumpleaños celebraban, le gustaba mucho.
Todos ellos menos una amiga, consumidores de sustancias los fines de semana, como reconocían en la sala de vistas, al terminar el concierto fueron a otro local para hacer tiempo y así coger el tren de vuelta de primera hora de la mañana.
Entre la calle San Pablo y Broqueleros, fueron interceptados por una unidad de la Policía Local de Zaragoza. "Al principio pensábamos que se trataba de una pelea porque levantaban la voz", dijo uno de los policías en el juicio.
Según relataron testigos y los propios agentes, los jóvenes estaban consumiendo y los policías registraron a al menos tres de ellos. Era uno, el encausado, el que llevaba casi todas las sustancias en una cartera y fue el que acabó siendo detenido y derivado a la Unidad de Estupefacientes de la Policía Nacional.
Éstos, por las características del caso, decidieron dejarlo en libertad con cargos sin pasar a disposición del juez. A partir de aquí, los protagonistas de la historia volvieron a Pamplona hasta esta misma semana que han regresado a la capital aragonesa para asistir al juicio que se celebraba en la Audiencia Provincial de Zaragoza.
Ni hubo tráfico ni se resistieron
En el relato de los hechos, poco a poco iba quedando claro que el chico no llevaba material que le implicase en el delito de tráfico y que simplemente coincidió que era el que llevaba toda la droga que iban a consumir como grupo de amigos esa noche.
También quedo claro que cuando fueron interceptados por los agentes de la Policía Local de Zaragoza, ninguno de ellos, menos el encausado, intentó zafarse o huir de los agentes que les iban a registrar.
Justo al terminar de celebrar, y al preguntar el presidente de la sala, Alfonso Ballestín a la representante fiscal si mantenía la petición de cárcel, ésta respondió que no y que se pedía para el reo la absolución.
En ese momento, todo cambió en la sala, y de la tensión del grupo de amigos se pasó a abrazos y apretones de manos entre ellos tras conocer que su amigo no iba a entrar en prisión. Un final previsible que terminó, no solo en una absolución, sino en un caso ejemplificante de que la justicia no solo castiga, sino que también es capaz de aleccionar, de dar avisos a navegantes. A buen seguro que esa cuadrilla de Pamplona tardará en olvidarlo.

