La vida después del sinsentido: El testimonio de una víctima del 11M veintiún años después
Vicente fue una de las 192 personas que perdieron la vida en los atentados del once de marzo de 2004 en Madrid. Fue el mayor atentando terrorista en Europa y el segundo en intensidad tras el 11S de Nueva York.
"No te olvides de los heridos, más de 2.000, y muchos de los cuales tienen todavía secuelas psicológicas y, por supuesto, físicas", recalca Mila, como le llamaba su marido, en esta entrevista concedida a HOY ARAGÓN.
Hoy se cumplen 21 años de aquel atentado terrorista de Al Qaeda, que Milagros lleva grabado a fuego, como tantos otros. "Pase el tiempo que pase yo siempre me acuerdo de esa mañana, de lo que llovías en las posteriores manifestaciones, de la tristeza y dolor que sentíamos todos. De lo que no me preguntes es de IFEMA; de ahí, no se por qué, no me acuerdo de absolutamente nada", explica.
Aquella mañana Vicente Marín se arreglaba como cada día en el baño de su casa para coger puntual el tren del que nunca salió. "Me dijo: hasta luego 'Mila', que tengas un buen día. Pero si de algo me acuerdo es de que tenía un pequeño granito en la cara... Nunca me dejaba tocarle nada de eso pero aquella mañana me dijo que se lo quitase. Se que no tiene mucho sentido pero...", recuerda con sentimiento Milagros.
Milagros y Vicente se casaron en 2001, tras haber estado más de trece años como novios. "El destino nos dejo solo convivir apenas tres años", dice. Recuerda a su marido tal y como era, sin olvidarse de su cara o sus facciones, algo que se suele perder con el tiempo.
"Era alegre y le gustaba disfrutar de la vida, sus amigos, y mención especial a su gran pasión, el Atlético de Madrid y la música de Joaquín Sabina, a los cuales no puedo cuanto menos que hacer una mención especial, por el singular gesto recibido por ambos durante aquellos momentos, lo que sin duda les engrandece como humanos y nunca podrá ser lo suficientemente agradecido por mi parte", se sincera.
De aquel día le siguen llegando recuerdos que nos confiesa sin tapujos, y lo cuenta como si hubiese sucedido ayer. "Le dejé en la estación de cercanías de Asamblea, porque Vicente tenía pánico a conducir. Me despedí de él sobre las 7,00 horas y me dirigí a una sesión de rehabilitación que estaba siguiendo. Cuando estaba en la consulta oigo por el hilo musical las primeras noticias, un tanto ambiguas sobre lo que estaba empezando a suceder en Madrid, y que a la postre cambiaría mi vida.", reflexiona Milagros.
Vicente fue asesinado a dos kilómetros de donde se despidió de su mujer. Ella recuerda la incertidumbre, la esperanza, a la familia cerca y especialmente a su sobrino. "Alejandro tenía entonces ocho años; desde aquel momento entró en una profunda inquietud por lo acontecido, hasta el punto que durante mucho tiempo su madre tenía que llamarle todos los días cuando llegaba a su trabajo", relata.
Según pasaba el tiempo y como continuaba sin tener respuesta de Vicente, ya empezó mi nerviosismo, preocupación, angustia y mi hermano mayor tuvo que venir a recogerme. "En ese momento, los malos presentimientos empezaron a agrandarse y parte de mi vida comenzaba a apagarse", se sincera Milagros.
"El juicio ya no me importó nada"
Recuerda que se quedó en casa de sus padres, ya dando por hecho los peores augurios. "Siempre he creído que mi familia se ha enterado antes que yo del desenlace, y desde la mañana del día doce me fueron preparando, hasta que a la tarde de ese mismo día, mi hermano pequeño, Fernando, me dijo una palabras que nunca podré borrar de mi memoria", afirma. Se abrazaron y lloraron y con eso, explica Milagros, ya estaba todo dicho.
"Yo perdí un marido pero sus padres perdieron un hijo y eso está ahí siempre", reflexiona mientras sigue recordando los días posteriores al atentado terrorista. Tardo días en volver a entrar en la casa que compartía con su marido. "Cuando entré fue como ver una película de una vida con un final que nadie merece. Pero gracias a toda la gente que he tenido alrededor, me dieron la fuerza para decirme a mi misma, que el mejor recuerdo que Vicente puede tener de mí, ahí donde esté, es que volviendo a ponerme en píe honraré su memoria, porque el murió de forma cruel, un inocente, en un sitio inocente, y por el fanatismo", asegura.
La fuerza en parte que le ayudó a superarlo le llegó desde la ATV, Asociación de Victimas de Terrorismo, que hoy celebra el día de las víctimas y de la que es vocal. "He de reconocer que mi vida ha cambiado en muchos aspectos. Tengo mucho pánico a las desgracias, un continuo deseo de saber cómo están mis seres queridos, llegando incluso a la obsesión", reconoce.
De política apenas habla porque, dice, no entiende de colores, solo de personas. Si que explica , a título personal, que las elecciones debieron de aplazarse ya que ese domingo seguían buscando a personas desaparecidas. Del juicio contra los terroristas confiesa una sola cosa. "Ni fui ni me importó nada. Al final no importa quién lo haga sino que has perdido a alguien querido, de lo demás nada quieres saber", se sincera.

