"No soy religioso pero vi la cruz y rompí a llorar": la confesión del comandante de Artemis II tras orbitar la Luna
Hay momentos que escapan a cualquier explicación racional. Reid Wiseman, comandante de la misión Artemis II y veterano astronauta de la NASA, lo sabe bien. Cuando su cápsula amerizó en el Pacífico tras convertirse en uno de los primeros seres humanos en orbitar la Luna desde 1972, pidió algo inusual: que el capellán del barco de la Marina viniera a verle un momento.
"No soy una persona muy religiosa", explicó este jueves en una conferencia de prensa desde el Centro Espacial Johnson de Houston. "Pero simplemente no había otra vía para mí de explicar nada o de experimentar nada". Cuando el capellán entró —un hombre al que Wiseman nunca había visto en su vida— el comandante vio la cruz que colgaba de su cuello y se derrumbó. "Simplemente rompí a llorar. Es muy difícil asimilar por completo lo que acabamos de pasar".
La confesión de Wiseman fue uno de los momentos más inesperados y conmovedores de la rueda de prensa en la que los cuatro tripulantes de Artemis II rememoraron su expedición. Una misión que los ha convertido en los primeros humanos que se han acercado tanto a la Luna en más de medio siglo y que, según sus propias palabras, aspiraba a "intentar hacer algo que uniera al mundo".
La misión que volvió a poner humanos cerca de la Luna
Artemis II fue la primera misión tripulada del programa Artemis de la NASA en llegar hasta la órbita lunar. La tripulación estuvo formada por Reid Wiseman como comandante, Christina Koch como piloto de la misión, Victor Glover como piloto de la nave y Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense, como especialista de misión. Los cuatro regresaron a la Tierra días atrás tras una expedición que ha generado una respuesta global de apoyo que, según confesaron, les ha dejado impactados.
"Cuando volvimos a casa, nos quedamos impactados por la efusión global de apoyo, por ese sentimiento de orgullo y de pertenencia hacia esta misión", dijo Wiseman en Houston.
El mensaje de fe antes de perder la señal
La dimensión espiritual no fue exclusiva del regreso. Durante la misión, el piloto Victor Glover —primera persona negra en llegar tan cerca de la Luna— protagonizó otro de los momentos más recordados de la expedición, justo antes de que la nave perdiera toda comunicación con la Tierra al sobrevolar la cara oculta de la Luna.
"Mientras nos acercamos al punto más cercano a la Luna y al más lejano de la Tierra, quisiera recordarles uno de los misterios más importantes que están aquí en la Tierra: el amor", dijo Glover. Y añadió: "Cristo dijo que el mandamiento más grande era amar a Dios con todo tu ser, y el segundo es semejante: amar a tu prójimo como a ti mismo. A todos ustedes allá abajo, en la Tierra y alrededor de ella, los amamos. Nos veremos del otro lado".
NEW: Artemis II Commander Reid Wiseman reflects on being MOVED to tears by the Christian cross after returning to Earth from the historic expedition:
— Fox News (@FoxNews) April 16, 2026
"When I got back on the on the ship — I'm not really a religious person — but there was just no other avenue for me to explain… pic.twitter.com/yk2JBIkxrN
Palabras pronunciadas en el silencio previo a la desconexión total, con la Tierra a la mayor distancia posible y la Luna al alcance de la mano. Una imagen que resume bien lo que Artemis II ha significado: no solo un logro técnico y científico de enorme magnitud, sino una experiencia humana que sus protagonistas están tardando en procesar.
Lo que significa orbitar la Luna
Desde el Apollo 17 en diciembre de 1972, ningún ser humano había llegado tan lejos en el espacio. Más de cincuenta años después, Artemis II ha devuelto a la humanidad a la órbita lunar como paso previo al regreso a la superficie que el programa Artemis tiene previsto en las próximas misiones.
La reacción emocional de Wiseman al regresar —un hombre que no se define como creyente y que sin embargo sintió que solo la dimensión espiritual podía contener lo que había vivido— dice algo sobre la magnitud de lo que ocurre cuando un ser humano contempla la Tierra desde esa distancia y la Luna desde esa cercanía. Hay experiencias que los marcos habituales de referencia no alcanzan a explicar. Y a veces, lo único que queda es una cruz al cuello de un desconocido y las lágrimas que llegan solas.

