Tiene el CI más alto del mundo (276) y asegura que la ciencia prueba que Dios existe
¿Puede la ciencia demostrar a Dios? El científico con 276 de CI dice que sí. Esta es la explicación con tres ideas básicas.
El debate sobre el origen del universo suele moverse entre ecuaciones, teorías cosmológicas y grandes incógnitas aún sin resolver. En los últimos días, sin embargo, ha saltado al foco mediático por una voz poco habitual: la de YoungHoon Kim, un científico surcoreano de 36 años que ostenta el récord mundial del coeficiente intelectual más alto, con una puntuación de 276, según el Consejo Mundial de Deportes Mentales.
Para contextualizar la cifra, los expertos suelen considerar que cualquier puntuación por encima de 140 ya se encuadra dentro de la inteligencia de nivel “genio”. Figuras históricas como Albert Einstein o Stephen Hawking se movían, según las estimaciones más aceptadas, en torno a los 160 puntos. Kim, por tanto, se sitúa muy por encima de ese umbral.
Ciencia, inteligencia artificial y fe
Lejos de limitarse al ámbito académico, Kim ha generado polémica por sus reflexiones públicas sobre la existencia de Dios. Investigador en inteligencia artificial, empresario y con un título en teología por la Universidad Yonsei de Seúl, el científico defiende que la propia lógica científica permite argumentar la existencia de una causa primera del universo.
En declaraciones recogidas por el Daily Mail, Kim recurre a una analogía geométrica para explicar su planteamiento:
“Una línea no puede empezar sin un punto inicial. En geometría, toda línea debe empezar con al menos un punto. Sin ese punto inicial, no hay línea alguna”.
Para el científico, este razonamiento es trasladable a la existencia misma: si el universo nunca hubiera tenido un inicio, nada podría haber comenzado. Sin embargo, la realidad es evidente. “Vemos claramente que la vida y el universo existen. Por lo tanto, debe haber habido un primer punto, el punto de partida que puso todo en movimiento”, sostiene.
El tiempo y el problema del pasado infinito
Uno de los argumentos centrales de Kim se apoya en la idea de que no se puede atravesar un pasado infinito. Si el tiempo retrocediera eternamente sin un comienzo, razona, nunca se habría llegado al presente. El simple hecho de que exista un “hoy” implicaría necesariamente un inicio temporal.
A esta idea suma un ejemplo matemático: la multiplicación. Según explica, si se multiplica indefinidamente por uno, el resultado nunca cambia; no surge nada nuevo. Para que el universo creciera y evolucionara hasta la complejidad actual, sería necesario —según su tesis— un impulso externo, una fuente de poder que no formara parte del propio sistema.
Una “causa primera” como explicación
Kim resume su postura señalando que el origen del universo exige tres características: una causa necesaria, atemporal y poderosa, además de inteligente. “La única explicación que encaja con todo ello es un punto de partida de causa primera”, afirma. Y concluye: “Eso es exactamente lo que queremos decir cuando afirmamos que Dios existe”.
Sus declaraciones han reavivado el debate entre ciencia y fe, un terreno históricamente complejo donde conviven posiciones enfrentadas. Para algunos, sus argumentos no aportan pruebas empíricas; para otros, representan un intento de tender puentes entre la lógica científica y las grandes preguntas filosóficas.
Lo que resulta indiscutible es que, cuando quien habla es considerado el hombre con el coeficiente intelectual más alto del mundo, sus palabras no pasan desapercibidas y vuelven a colocar una cuestión milenaria en el centro de la conversación contemporánea.