El peor día de la vida de Nena Daconte (47) fue en Zaragoza: "Dios me dijo que era judía"

Fue en 2007, en Zaragoza, durante las Fiestas del Pilar, el día que cerraba la primera gran gira de Nena Daconte.

A sus 47 años, Mai Meneses, alma y voz de Nena Daconte, habla de su vida con una mezcla de lucidez y ternura que antes no podía permitirse. Expulsada la primera en la segunda edición de Operación Triunfo, se convirtió poco después en un fenómeno musical con temas que sonaron en todas partes. Pero el éxito llegó con un peaje invisible: una caída emocional que casi la destroza. Y esa caída tiene un punto crítico en Zaragoza.

La artista ha compartido en varias ocasiones su lucha contra las adicciones, la ansiedad y la depresión. Una lucha que, según ha explicado, la empujó a situaciones límite. Una de las más graves ocurrió en 2007, en Zaragoza, durante las Fiestas del Pilar, el día que cerraba la primera gran gira de Nena Daconte. Ese concierto en el recinto de Valdespartera marcó el final artístico de una etapa… y el principio de una crisis mental que la acompañó durante años.

“No sé ni qué pastilla me tomé”

En una entrevista con Risto Mejide en el programa Viajando con Chester, Meneses reconstruyó esa noche con absoluta crudeza. “Estábamos en Zaragoza, en las Fiestas del Pilar, era el fin de la primera gira y yo no sé ni cómo se llama la pastilla que me tomé”, relató. Y lo que ocurrió después, dice, fue tan intenso que todavía le cuesta contarlo sin sentir vergüenza.

Soñé con Marilyn Monroe, con Dios… Me vino a hablar. Es que me da vergüenza contarlo, porque al final son cosas medio de tarada”, confesó ante un Risto que escuchaba sorprendido. Pero aquella alucinación no fue solo una imagen pasajera. Abrió la puerta a una espiral obsesiva que le hizo perder el control de su propia mente.

“Dios me dijo que era judía”

Meneses continuó: “Dios me dijo que era judía. Entonces yo me obsesioné con que era judía”. A partir de ahí, empezó una conducta compulsiva que duró meses. “Empecé a leer todo lo que tenía que ver con los judíos, me metía en internet y buscaba cosas de los judíos. Llegué a la cábala. Todo muy loco, muy obsesivo. Y yo le iba diciendo a todo el mundo: ‘No, yo es que ahora soy judía’.

Según contó, sus allegados no daban crédito. “Me decían: ‘¿Pero cómo que eres judía?’. Y yo decía: ‘Que sí, que me lo ha dicho Dios, que yo soy judía’”. Ese delirio identitario, disparado tras la ingesta de esa pastilla la noche del concierto en Zaragoza, no se apagó cuando el efecto químico bajó. Fue algo más profundo. Una grieta psicológica.

“Estuve de 2007 a 2009 con la cabeza a dos mil”

Risto le preguntó si aquella noche fue el momento en el que tocó fondo. Y la respuesta de Mai fue aún más inquietante: “No, toqué fondo después. Estuve desde 2007 a 2009 con la cabeza que me iba como a dos mil”.

Esos dos años fueron, en palabras de la propia cantante, una caída sostenida. No solo eran pensamientos acelerados o episodios místicos. Era miedo. Pánico puro. “Me voy a Madrid y les conté a mis padres: ‘Me pasa esto. Pienso estas cosas. Pienso que si hay espíritus… que no me dejéis sola’”.

El relato que hace de esa etapa es demoledor: “Mi madre durmiendo conmigo en la cama hasta que me quedara dormida. Imagínate, con 30 años. Fatal”. Lo que estaba viviendo ya no era simplemente el desgaste emocional del éxito ni el vértigo de la fama pos-OT. Era un cuadro clínico severo.

“Me dijo: ‘Estás hecha un desastrillo’”

Finalmente, sus padres la llevaron a un especialista. Ella lo cuenta sin dramatismos, casi con una media sonrisa cansada, pero la frase golpea: “Fui al psiquiatra y me dijo: ‘Bueno hija, estás hecha un desastrillo’”. El diagnóstico fue contundente: depresión psicótica.

Es decir: no solo depresión. Depresión con síntomas de desconexión de la realidad. Con obsesiones, creencias delirantes, percepción alterada. Una enfermedad mental seria, no un “mal momento”.

Aun así, en esa anécdota —la de Zaragoza, la de la pastilla, la de Marilyn Monroe y Dios— hay también un punto de inflexión. A partir de entonces comenzó un proceso lento de búsqueda de ayuda, estabilización y, con el tiempo, reconstrucción.

Una vida después del abismo

Hoy, Mai Meneses habla de todo aquello desde otro lugar. Dice estar en una etapa más serena, tanto personal como creativamente. Sigue haciendo música, vuelve a los escenarios, y se permite recordar sin maquillajes los episodios más frágiles de su pasado. Lo hace con un punto de pudor (“me da vergüenza contarlo”, repite), pero también con una claridad que funciona como testimonio y advertencia.

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