“Nunca voy a olvidar este día”: la noche en la que Rosalía resucitó en Madrid
Rosalía regresó este lunes al escenario del Movistar Arena de Madrid con un concierto que sus propios fans calificaron de histórico. La catalana, que la semana pasada tuvo que suspender su actuación en Milán por una intoxicación alimentaria, se presentó ante más de 15.000 personas en la primera de sus cuatro fechas en la capital, coincidiendo con la Semana Santa. Una reaparición que, vistas las circunstancias y la puesta en escena, bien podría describirse como una resurrección artística en toda regla.
El regreso tras la cancelación de Milán
La incertidumbre sobrevolaba esta cita desde que se conoció la cancelación del concierto italiano. La propia artista quiso zanjar cualquier duda nada más arrancar la noche. «Estoy muy feliz de estar aquí. La semana pasada estaba un poco delicadilla, pero ya estoy mucho mejor. Me encanta haber vuelto aquí, hace más de una década que voy viniendo y quiero mucho a esta ciudad», dijo envuelta en un velo blanco durante su primera intervención con el público.
Rosalía se mostró visiblemente emocionada al recordar sus primeras visitas a Madrid, cuando el sueño de llenar un recinto de esas dimensiones le quedaba enormemente lejos. «Tengo muchos recuerdos aquí, uno de ellos es de una vez que vine a Casa Patas. Ahí sentí el duende como en ningún otro sitio. Quién me diría a mí que una década más tarde estaría llenando esto», confesó. Un momento de vulnerabilidad poco habitual en una artista que suele controlar cada detalle de sus apariciones públicas.
Madrid es la quinta parada del Lux Tour, la gira con la que Rosalía presenta su último disco. Antes pasó por Lyon, París, Zurich y la malograda Milán. Tras sus cuatro noches madrileñas, la cantante dará el salto a Lisboa y después a Barcelona, su ciudad natal, donde también tiene programadas cuatro fechas. Para muchos fans aragoneses, las paradas de Barcelona —a menos de tres horas en AVE desde Zaragoza— representan la opción más cercana para vivir el espectáculo en directo.
Cuatro actos, una orquesta y estética religiosa en plena Semana Santa
Que la gira aterrizara en España justo en Semana Santa no fue casualidad. La estética del Lux Tour transita por todos los estados de lo religioso, y Rosalía —que salió de una caja convertida en cruz— llevó esa simbología hasta el último rincón del Movistar Arena. Un engranaje visual y sonoro diseñado junto al coreógrafo griego Dimitris Papaioannou, la directora de movimiento Charm La'Donna y el colectivo francés (LA)HORDE.
El concierto se articuló en cuatro actos con estructura operística, intermezzo incluido. El primero arrancó con cinco temas de Lux, los más melancólicos y sacros del disco. Rosalía apareció enfundada en un enorme tutú y unas puntas de ballet, acompañada por una orquesta de 20 músicos ubicada en mitad de una cruz que conectaba con el escenario y dividía al público en dos mitades. Las primeras notas de Porcelana quedaron sepultadas bajo una ovación que llevaba gestándose horas en las colas del recinto. Después llegó Divinize, donde la catalana ya se mostró plenamente confiada.
El segundo acto cambió el tono de golpe. Una versión poderosísima de Berghain, a medio camino entre el original y un remix demoledor, abrió paso a los temas de Motomami, el disco que la catapultó como estrella global. Ahora bien, esta Rosalía no es la de aquella gira. Los ritmos latinos y las bases ágiles que dominaban sus directos anteriores han cedido protagonismo a la orquesta, que se integra en canciones donde antes primaba el silabeo veloz. Saoko, La fama —aupada por la sección de cuerda— y La Combi Versace sonaron con un empaque nuevo, más denso, más adulto. «Esta noche es especial porque es la primera noche en la capital. Para todos mis chulapos y mis chulapas», soltó la artista entre tema y tema.
El flamenco, presente pero bajo capas y capas
Una de las cuestiones que más debate ha generado en los primeros conciertos de esta gira es la escasa presencia de El Mal Querer y Los Ángeles, los dos discos que conectaron a Rosalía con el flamenco más puro. En Madrid, esa tendencia se confirmó. Solo un tema —El redentor— representó a sus dos primeros trabajos, y lo hizo de forma sorprendente, precedido por el cajón y el palmeo tras De Madrugá. Un gesto breve, casi litúrgico, que recordó de dónde viene todo esto.
El tercer acto trajo consigo uno de los momentos más comentados de la noche. La versión del clásico Can't Take My Eyes Off Of You de Frankie Valli, con Rosalía transformada en una suerte de Gioconda de cabaret en una performance de inspiración davincesca, dio paso —junto a un cameo inesperado de Esty Quesada— al instante que todos esperaban. La perla. El público madrileño coreó cada sílaba de la canción como si cada persona tuviera a su propio ex en la cabeza. Y probablemente muchas lo tenían.
El verso que todos miran hacia Rauw Alejandro
Ahí es donde el concierto cruzó la frontera entre lo artístico y lo personal. Rosalía se regodeó en ese verso de «Es una perla, nadie se fía, una de mucho cuidao» con una intención que, pese a las declaraciones de la artista asegurando que son varios los hombres que inspiraron la canción, el público interpreta con un destinatario claro: Rauw Alejandro. La ruptura entre ambos sigue siendo uno de los temas más buscados en redes cada vez que la catalana sube al escenario, y momentos como este alimentan un relato que trasciende la música y se instala en el territorio del corazón.
De La perla saltó a una delicadísima versión de Sauvignon Blanc encaramada a un piano, y después a La Yugular entre nieve artificial para encarar el tramo final. Un intermezzo con Dios es un stalker, La rumba del perdón y CUUUUuuuuuute —con un altavoz haciendo de botafumeiro y un pasaje de Sweet Dreams de Eurythmics— preparó el terreno para el éxtasis de cierre.
El desenlace reunió todas las versiones de Rosalía en apenas veinte minutos. La Rosalía desatada y pegajosa de Bizcochito —coreografía incluida— y Despechá, tras la que dijo con la voz entrecortada: «Nunca voy a olvidar esta noche». La Rosalía empoderada de Novia Robot y Focu' ranni. Y por encima de todas, la Rosalía emocional —y emocionada— de Magnolias. Un cierre perfecto para una artista que llegó convaleciente y se fue consagrada.
La opción más cercana para los fans aragoneses
Para quienes no consiguieron entrada en Madrid, las cuatro fechas de Barcelona representan la alternativa más accesible desde Aragón. La conexión en AVE desde Zaragoza-Delicias permite llegar en poco más de hora y media, y todavía quedan entradas disponibles para algunas de las noches, según la promotora. Dado el nivel del espectáculo que Rosalía ha montado para esta gira, todo apunta a que el viaje merece la pena.
Eso sí, conviene recordar que el Lux Tour tiene un formato cerrado: no hay telonero, el concierto arranca puntual y dura en torno a dos horas. Para los que se planteen ir y volver en el día, el último AVE de regreso a Zaragoza sale de Barcelona-Sants a las 21.30, lo que obliga a pernoctar si se quiere disfrutar del espectáculo completo.