La renuncia de la princesa Leonor y la infanta Sofía por un palacete de Menorca donado por un millonario
La princesa Leonor y la infanta Sofía renuncian a su parte del palacete menorquín legado por un millonario, dejando su destino en manos de sus primos y de la Fundación Hesperia.
La princesa Leonor y la infanta Sofía han formalizado su renuncia a la parte que les correspondía en la herencia del palacete de Ciutadella (Menorca), una de las propiedades legadas por el empresario Juan Ignacio Balada Llabrés a los nietos de los reyes eméritos. Ambas, ya mayores de edad, han cedido su participación a la Fundación Hesperia, siguiendo el criterio adoptado años atrás por sus padres.
El gesto se enmarca en la voluntad de la Casa Real de mantener una gestión responsable y transparente de los bienes heredados. El palacete, de gran valor histórico y arquitectónico, formaba parte del extenso legado de Balada, que incluía inmuebles y patrimonio financiero destinado a los descendientes de la familia real.
Con esta decisión, Leonor y Sofía se apartan de cualquier intervención sobre el futuro del inmueble, cuyo destino queda ahora en manos de sus seis primos, hijos de las infantas Elena y Cristina, así como de la propia Fundación Hesperia. Ellos serán quienes deban determinar si el edificio continúa bajo titularidad privada o si se atienden las peticiones institucionales para darle un uso social.
El Ayuntamiento de Ciutadella lleva años reclamando que el inmueble pueda destinarse a fines comunitarios, como equipamiento público, proyectos sociales o espacios para asociaciones. La renuncia de las hijas de los reyes abre la puerta a que ese planteamiento pueda abordarse con mayor libertad y consenso entre los herederos.
Con este paso, la heredera al trono y su hermana refuerzan la imagen de compromiso social que la institución ha tratado de proyectar en los últimos años, evitando mantener propiedades sin finalidad definida y facilitando que puedan orientarse hacia un propósito de interés general.

