Nada que envidiar al Mar Muerto: el pueblo cerca de Aragón donde puedes flotar

Un rincón de la provincia de Burgos con historia, salinas milenarias y un entorno natural envidiable.
Poza de la Sal, en Burgos. / Turismo Castilla y León
Poza de la Sal, en Burgos. / Turismo Castilla y León

A menos de tres horas de Zaragoza, Poza de la Sal es una joya oculta en la provincia de Burgos. Esta pequeña villa, con menos de 300 habitantes, no solo destaca por su belleza y patrimonio, sino también por una curiosidad geológica que la hace única: su famoso "Salero", un cráter de 2,5 kilómetros de diámetro donde la alta concentración de sal permite flotar sin esfuerzo, como si del mar Negro se tratase.

Pero más allá de esta singularidad, Poza de la Sal es un destino que combina historia, naturaleza y arquitectura. Rodeado por la impresionante comarca de La Bureba, este enclave medieval fue el lugar de nacimiento de Félix Rodríguez de la Fuente, uno de los naturalistas más influyentes del siglo XX, cuya infancia en este entorno marcó su amor por la fauna y la conservación del medioambiente.

Un pueblo con historia en cada rincón

El casco histórico de Poza de la Sal ha sido declarado Conjunto Histórico-Artístico, y sus calles empedradas transportan a los visitantes a épocas pasadas. Protegido por murallas medievales, este pequeño municipio cuenta con una arquitectura tradicional perfectamente conservada, en la que destacan la iglesia de San Cosme y San Damián, un bello templo gótico del siglo XIV, y la Casa de la Administración de las Reales Salinas, construida en el siglo XVIII para gestionar la explotación salinera de la zona.

La sal ha sido el motor económico y cultural de Poza de la Sal durante siglos. Sus salinas, de origen romano, fueron explotadas hasta el siglo XX, y hoy en día constituyen un testimonio vivo de su historia. Gracias a su riqueza salina, este pueblo llegó a ser un punto estratégico en el comercio medieval y una de las localidades más importantes del norte de España en la producción de este "oro blanco".

El Castillo de las Rojas y la comarca de La Bureba

A las afueras del casco urbano se encuentra el Castillo de las Rojas, una fortaleza que data del siglo IX y que ofrece unas vistas espectaculares de toda la comarca de La Bureba. Esta llanura burgalesa se caracteriza por sus paisajes abiertos y su riqueza natural, especialmente llamativa entre febrero y marzo, cuando la floración de los almendros tiñe de blanco y rosa el entorno.

 

El senderismo y las rutas al aire libre son actividades imprescindibles en esta zona, permitiendo a los visitantes conocer la diversidad paisajística que rodea Poza de la Sal. Además, la presencia de fósiles y formaciones geológicas únicas convierten este lugar en un destino de interés para los amantes de la paleontología y la geología.

Dónde comer y alojarse en Poza de la Sal

La gastronomía local es otro de los grandes atractivos de la zona. Entre los establecimientos más destacados se encuentran la Taberna Don Ramón (La Cachita), donde se pueden degustar platos tradicionales castellanos, y el restaurante Casa Martín, que además cuenta con un pequeño hotel ideal para quienes deseen pernoctar en el pueblo y disfrutar de la tranquilidad de la villa.

Cómo llegar a Poza de la Sal desde Aragón

Para aquellos que quieran descubrir este tesoro escondido, el acceso es sencillo. Desde Zaragoza, el trayecto dura aproximadamente 2 horas y 40 minutos en coche. La mejor opción es tomar la E-804 y enlazar con la AP-68 hasta la localidad riojana de Haro. Desde allí, se continúa por la N-232 y, finalmente, se toma la CL-663, que lleva directamente a Poza de la Sal.

Un destino que mezcla historia, naturaleza y una experiencia única de flotación en sus aguas salinas, convirtiéndolo en una escapada perfecta para cualquier época del año.

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