Obituario | Manolo Herrera, el policía de la sonrisa eterna
"No te preocupes Enrique, estoy aquí para ayudarte en lo que necesites". Fue lo primero que me dijo Manolo cuando le conocí una noche de patrulla en unas fiestas del Pilar. Descubrí a la persona primero, y al Intendente de Policía Local después.
En otra ocasión le pedí ayuda con otro asunto y se presentó en mi trabajo con una sonrisa y dándome todo tipo de facilidades. Un tipo de Morata de Jalón capaz de hacerte reír en un momento malo, de abrazarte cuando te veía, con esa manera de reconfortar que solo consiguen unos pocos.
El pasado seis de junio, con motivo de la festividad de la Virgen del Portillo, patrona de la Policía Local de Zaragoza, recibió de manos de la alcaldesa Natalia Chueca la Medalla de Oro al Mérito Profesional. Su mera presencia en el escenario del Auditorio de Zaragoza hizo levantarse a todos los presentes que rompieron el silencio con una sobrecogedora ovación.
Decidí escribir un artículo inmortalizando el momento y se lo mandé. Me respondió con un gracias tan sincero... "Me has dejado en buen lugar, amigo", finalizó, porque no era de mensajes largos. Hace unos días, después de aquello y tras conocer que desde el pasado mes de julio estaba ingresado en una habitación de la novena planta del Hospital Clínico de Zaragoza fue a verle.
Me quedé en el umbral de la habitación hablando con su mujer, Nieves, mientras un grupo de amigos le gastaba bromas e intentaba sacar de él un gesto. Nieves y yo nos abrazamos y me contó con pocas palabras lo mucho que le quería y lo poco que necesitaban para ser felices los tres, junto al hijo de ambos. "Cuando le conocí siendo Intendente y estando a otro nivel pensé que tenía otras miras pero descubrí a un hombre tan sencillo y tan cercano como nunca a nadie conocí", me dijo esta luchadora.
"Mi mejor amigo, mi compañero, mi marido... Ya descansa en paz". Así me daba la triste noticia Nieves esta mañana. También lo hacía mi amigo Valentín Sánchez, que siempre estuvo informándome de su evolución. Tengo el orgullo de despedir a un hombre al que aprecié mucho y que siempre estuvo ahí. Gracias Manolo, el policía de la sonrisa eterna.
