Opinión | La (nueva) amenaza nuclear de Rusia

Soldados estadounidenses presencian una prueba nuclear / 
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Soldados estadounidenses presencian una prueba nuclear / GETTY
Putin amenaza con la guerra nuclear: ¿cuál es el verdadero riesgo de un ataque atómico en Europa con Estados Unidos como nuevo participante en la historia?

En estos días, los informativos, redes, canales y "expertos" de todo tipo, insisten en lo cerca que estamos de la guerra nuclear en Europa, tras las últimas amenazas del mandatario Putin. Sería una respuesta a la autorización dada por Estados Unidos a Ucrania, para utilizar los misiles de largo alcance enviados por Norteamérica, dentro del territorio ruso, lo cual, para el Kremlin, es una línea roja en la evolución de la guerra de invasión que iniciaron en febrero de 2022.

Bien, ¿cuán cerca estamos realmente de la posibilidad de que Rusia ataque con misiles nucleares a Ucrania, o cualquier otro país de la OTAN?, recordemos que Francia y Reino Unido, también han suministrado este tipo de misiles, más modernos incluso, que los provenientes del Tío Sam.

Las televisiones, inundan las pantallas con imágenes de ciudadanos de países fronterizos con Rusia haciendo acopio de elementos de supervivencia, refugios nucleares y folletos informativos, que explican cómo actuar ante posible ataque nuclear, todo convenientemente aderezado con vistosas grabaciones de dichos misiles, o parecidos, al objeto, supongo, de mantener en prealerta a los despreocupados ciudadanos españoles.

Rusia, por su parte, adereza la escena, lanzando a modo de advertencia, un único misil balístico sobre Ucrania pero con cabeza de guerra convencional -no nuclear, devastadora de por sí, no obstante, para cuya defensa, el país invadido tiene nulas capacidades de protegerse. Además, Rusia “actualiza” su doctrina nuclear, en el sentido de que propone la posibilidad de dar respuesta atómica a un ataque convencional.

¿Por qué amenaza nuevamente Putin a Europa, a Occidente, con el infierno Nuclear?, la respuesta rápida es, porque le funciona.

Rusia ha obviado ya en estos 1.000 días de guerra de invasión, numerosas líneas rojas autoimpuestas: el suministro al país invadido de armamento ofensivo, de tanques modernos Abrams, Leopard o Challenger y recientemente, el suministro de cazas F16, que llevan ya varios meses operando en Ucrania, son algunos ejemplos.

Todos estos aumentos de ayuda y mejoras de capacidades provistas por Occidente a Ucrania, fueron precedidos de la correspondiente amenaza acechando tras una línea roja, que una vez traspasada, no significó el desastre anunciado.

No obstante, Putin ganó algo fundamental en una guerra, tiempo y disuasión por una potencial escalada: el tiempo que los países occidentales tardaban en ponerse de acuerdo o decidir si actuar, o no, las injerencias dilatorias procedentes de los amigos de Putin, la eficacia de “tontos útiles” locales y la propaganda, que repite machaconamente lo cerca que estamos de ese escenario atómico, juegan a favor de Rusia, retrasando la respuesta occidental.

Pero hay que alejarse un poco, del ruido y examinar el escenario en su totalidad.

¿Puede Rusia atacar nuclearmente a Occidente/Ucrania?, por supuesto, su arsenal alcanza las 6.000 cabezas nucleares, más de mil de ellas, de uso “inmediato”. Las hay de dos tipos, estratégicas -de largo alcance, destructoras de ciudades enteras-, y tácticas, para uso en campo de batalla frente a unidades enemigas, se estima que Rusia podría tener unas 2000 cabezas nucleares de este tipo.

Rusia sabe que, para utilizar eficazmente armas nucleares tácticas (acordemos que ni siquiera Rusia tiene interés en la destrucción total de Ucrania), en el frente de batalla actual, necesitaría varias decenas de armas de este tipo dado lo disperso de las unidades, la amplitud del frente y las variables respecto a su eficacia (clima, tipo de terreno, ...), para obtener resultados significativos.  A considerar, la afectación a sus propias tropas y territorio, debido a la cercanía de los dos bandos y de la frontera rusa; también, tenemos la variable de su precisión, que es cuando menos dudosa, sabiendo que un alto porcentaje de los ataques con misiles rusos no alcanzan los objetivos previstos.

Tal ataque, supondría la intervención de la OTAN, en una escalada de impredecibles consecuencias.

A pesar de todas estas realidades, lo que se nos muestra, en favor del espectáculo, es a los azorados ciudadanos suecos o finlandeses repasando las guías de supervivencia y actualizando sus refugios nucleares, sin explicarnos que estos países ya estaban en la misma situación de riesgo en la era comunista y con el mismo temor que ahora. Dichos refugios, construidos durante la época soviética, nos recuerda que esta preparación no es nueva para ellos. La diferencia -y no baladí- es que ahora son parte de la OTAN.

El Sr. Putin, ya ha perdido esta guerra en sus declarados objetivos iniciales, sus avances han sido muy limitados y al coste de unas bajas que no se veían en Europa desde la Segunda guerra mundial, pero Ucrania tampoco está en disposición de ganarla. Como todas las guerras, acabará en una mesa de negociación. Lo que estamos viendo ahora, más allá de la bravuconada, es una toma de posiciones ante la situación de cambio en la política exterior de Estados Unidos; pero no nos engañemos, Trump no es amigo de Putin, más allá de que le respete por ser un personaje que proyecta fuerza.

Esta guerra la libran los Estados Unidos también, y a pesar de todo, es la más barata que los norteamericanos han librado en el último siglo en términos de coste/resultado -me atrevo a decir-, para debilitar a Rusia, cuyas capacidades militares han quedado muy en entredicho, y eso sí ha sido una sorpresa. Rusia ha dejado de ser la amenaza estratégica que fue la URSS, ese escenario se está desplazando al Pacífico, y la vieja Europa, tendrá que aprender a valerse con menor apoyo de los amigos norteamericanos.  

La OTAN, por otra parte, se ha ampliado hasta la misma frontera del oso Ruso, -otra línea roja superada-, y a Rusia, ya solo queda la amenaza del arma nuclear, para debilitar el apoyo a Ucrania.

A nadie le “interesa”, esa escalada, dejamos para otro día los beneficios que sacan India y China de la situación, con lo que, podemos “dormir tranquilos”, no habrá ataque nuclear ruso; si me equivoco, prometo disculparme durante el invierno Nuclear.

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