Opinión | La locura de emprender y cómo esta genialidad mueve el mundo
Hace unos días tuve el honor de ser reconocido en los premios ADEA y, sinceramente, aún estoy digiriendo la emoción descomunal que sentí. Las muestras de cariño, las palabras de aliento, el reconocimiento a quienes nos dejamos la piel en esto de emprender… Porque yo soy de trinchera, de hacer que pase, por eso todo me pilló de nuevas y fue más emocionante si cabe. Y esto avivó una llama que, aunque nunca se apaga, a veces necesita un poco más de oxígeno.
Porque emprender, ya lo dije entonces y lo reitero ahora, es una locura. Y no les falta razón. Vamos contra la estadística, más tozuda que nosotros los maños, que ya es decir. El entorno nos mira con escepticismo, como si preguntara: pero ¿dónde va este con semejante disparate? Y ahí está el sistema, con sus impuestos, cuotas y trámites, que a menudo más que un aliado parece un contrincante en el ring.
Entonces, ¿por qué lo hacemos? ¿Qué nos mueve a quienes nos lanzamos al vacío con más sueños que certezas?
Porque somos rebeldes, inconformistas, agitadores. Porque en cada problema vemos una oportunidad y en cada reto una chispa para cambiar las cosas. Los emprendedores no estamos hechos de certezas, sino de pasión e ilusión. Y aunque la senda sea empinada, no caminamos solos.
Ahí están las parejas, familias y amigos que nos sostienen en las noches en vela, en los días sin descanso y en las horas en las que nuestra mente no para de idear. Ellos son nuestros cómplices, quienes nos sonríen cuando lo necesitamos, quienes nos escuchan cuando las fuerzas flaquean. A todos ellos, gracias de corazón, sin ellos sería imposible.
Pero no os equivoquéis: esta travesía no va de héroes solitarios ni de protagonismos individuales. Va de equipo. Porque emprender, ya sea como autónomo, startup, PYME o pequeño comercio, no es un sprint, es una maratón compartida. Y ahí es donde entra en juego algo aún más poderoso que las ideas: la confianza.
Las startups crean futuro. Los autónomos sostienen la vida cotidiana de nuestras comunidades. Las pequeñas y medianas empresas son el corazón de nuestra economía. Juntos somos el presente y el porvenir, el motor que impulsa los sueños colectivos.
Por eso, hoy quiero pediros algo. A instituciones, grandes empresas, asociaciones y a cada ciudadano que lea estas palabras: confiad en nosotros. Apoyadnos, dadnos un empujón cuando estemos al borde del abismo, porque somos los que construimos el mañana.
Al reconocer el esfuerzo de los locos que creen que se pueden cambiar las cosas, estáis apostando por un mundo mejor, por una sociedad que progresa, que avanza y que no se rinde.
Porque, al final, no es solo una cuestión de locura o genialidad. Es una cuestión de valores, de querer cambiar lo que no funciona, de trabajar por un sueño compartido. Y juntos, con vuestra confianza, lo lograremos.
Zaragoza y Aragón tienen todo el potencial para ser un referente, paso a paso, primero en España. Somos tierra de valientes, de trabajadores incansables y de rebeldes con causa. Aprovechemos este momento, apostemos por nuestra gente, y juntos demostremos que las locuras, cuando se comparten, se convierten en genialidades.
Gracias por creer. Porque donde algunos ven límites, nosotros vemos caminos. Y en esos caminos, está el futuro de todos. Porque el futuro no se espera. Se construye. Y aquí, en Zaragoza, estamos listos para liderarlo.