La limpieza empieza en la puerta de casa: Zaragoza refuerza servicios con FCC

Los técnicos lo resumen con una cifra tácita: por mucha maquinaria que se despliegue, ninguna ciudad soporta un uso incívico continuado.

Zaragoza ha puesto en marcha una campaña informativa para recordar que la limpieza urbana es una corresponsabilidad: del Ayuntamiento —que presta el servicio— y, sobre todo, de los vecinos, que deben cumplir la ordenanza.

El mensaje llega acompañado de un aviso: las sanciones por incumplir la nueva normativa alcanzan los 3.000 euros por conductas como dejar bolsas fuera del contenedor o arrojar desechos a la vía pública. La norma, endurecida desde junio, añade además nuevas prohibiciones vinculadas al abandono de excrementos caninos y a la limpieza de orines en aceras y fachadas.

Más limpieza… y más control

En paralelo, el Consistorio ha activado limpiezas intensivas con la contrata FCC, que ejecuta el servicio municipal.

Los equipos especiales —baldeadoras, hidrolimpiadoras, brigadas a pie— han trabajado ya en el Casco Histórico y operan ahora en el distrito Centro, con un recorrido programado por toda la ciudad hasta verano. Después, según recogen los pliegos del nuevo contrato, llegará una segunda ronda hasta final de año.

La Policía Local refuerza esa estrategia: más de 800 sanciones en el último ejercicio por infracciones de la ordenanza, entre la anterior y la vigente.

Los técnicos lo resumen con una cifra tácita: por mucha maquinaria que se despliegue, ninguna ciudad soporta un uso incívico continuado. Una bolsa depositada fuera del contenedor desborda el punto de recogida; un perro sin recogida de excrementos convierte un portal en foco de suciedad; un vaso arrojado al suelo multiplica el trabajo y el gasto. La limpieza pública no es un “servicio de borrado”, sino una cadena donde cada eslabón importa: municipio, empresa concesionaria y ciudadanía.

Qué aporta FCC en esta fase

FCC, responsable de la limpieza viaria y el baldeo, ha escalado turnos y rutas para atacar manchas persistentes, grafitis, chicles y orines con equipos de alta presión y productos específicos compatibles con el pavimento.

Las hidrolimpiadoras trabajan en horarios de menor tránsito y las brigadas a pie rematan la suciedad incrustada en bordillos, papeleras y paradas del transporte público. El objetivo: elevar el umbral de limpieza y mantenerlo con rutinas más densas en puntos críticos.

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