Melocotón de Calanda: la joya del campo aragonés

Tras pasar por un riguroso proceso de clasificación en los almacenes de la zona, la fruta viaja a Mercazaragoza, auténtico corazón logístico del valle del Ebro

Melocotón de Calanda. / TURISMO DE ARAGÓN
Melocotón de Calanda. / TURISMO DE ARAGÓN

El melocotón de Calanda no es una fruta cualquiera. Con Denominación de Origen Protegida desde 1999, se ha consolidado como uno de los grandes embajadores de Aragón dentro y fuera de España. Sus raíces se remontan a principios del siglo XX, cuando los agricultores del Bajo Aragón comenzaron a perfeccionar técnicas de cultivo que, con el paso del tiempo, darían como resultado un producto único.

Entre ellas, destaca el embolsado manual, un método artesanal que protege cada pieza con una bolsa de papel durante su maduración en el árbol. Este proceso, laborioso y eficaz, preserva la fruta de plagas, evita el uso excesivo de pesticidas, mantiene su color uniforme y asegura una pulpa más limpia y sabrosa.

El melocotón de Calanda se reconoce fácilmente por su calibre, que puede alcanzar hasta los 400 gramos por unidad. Su piel dorada, su textura firme y su dulzor inconfundible, lo convierten en una auténtica joya gastronómica. Además, su aporte de vitamina C, fibra y antioxidantes lo hace especialmente interesante desde el punto de vista nutricional. El consumidor sabe que tiene entre sus manos un producto de calidad cuando percibe ese aroma intenso y dulce, esa piel sin imperfecciones y una carne firme pero jugosa.

La recolección es manual y se concentra entre los meses de septiembre y octubre. Tras pasar por un riguroso proceso de clasificación en los almacenes de la zona, la fruta viaja a Mercazaragoza, auténtico corazón logístico del valle del Ebro. Desde allí, y en cuestión de horas, se reparte a comercios minoristas y fruterías que acercan al consumidor final un producto en condiciones óptimas de frescura.

UN MANJAR CON MIL FORMAS DE DISFRUTARLO

En la cocina, el melocotón de Calanda es tan versátil como exquisito. Puede degustarse solo, como un postre fresco que no necesita acompañamiento, pero también admite maridajes sencillos y sorprendentes. En una ensalada, por ejemplo, combina con la frescura de la rúcula, el contraste del queso fresco y el crujiente de unos frutos secos. A la plancha, ligeramente caramelizado, es un bocado perfecto junto a un yogur natural o un helado de vainilla. Y en repostería se ha ganado un lugar de honor en tartas, bizcochos y mermeladas, donde su dulzor natural permite reducir la cantidad de azúcar añadida.

Más allá de Calanda, Aragón también presume de otras variedades de melocotón: el temprano de Caspe, muy valorado en el inicio de campaña, o los amarillos de Cariñena, que completan la diversidad frutícola de la comunidad.

De los campos aragoneses a tu mesa, los mayoristas de Mercazaragoza seleccionan la mejor fruta y la hacen llegar a través de mercados y fruterías de barrio. Allí no solo disfrutas de un producto fresco y de calidad, sino también del consejo cercano de quienes saben recomendarte el momento perfecto para consumirlo y cómo sacarle el máximo partido en la cocina.