Adiós al PIN de cuatro dígitos para pagar o sacar dinero: los bancos ya prueban tarjetas biométricas

Tres grandes bancos franceses desarrollan tarjetas con sensor de huella dactilar que podría convertirse en el nuevo estándar mundial.
Varias tarjetas de crédito en una imagen de archivo / HOY ARAGÓN
Varias tarjetas de crédito en una imagen de archivo / HOY ARAGÓN

El PIN de cuatro dígitos que introduces cada vez que pagas con tarjeta lleva décadas siendo el principal escudo entre tu cuenta bancaria y los ciberdelincuentes. Pero sus días podrían estar contados. Los tres mayores bancos de Francia —BNP Paribas, Crédit Agricole y Société Générale— están desarrollando una nueva generación de tarjetas bancarias que sustituyen el PIN por un sensor de huella dactilar integrado en la propia tarjeta.

El funcionamiento es sencillo: acercas la tarjeta al datáfono como siempre, pero en lugar de teclear tu PIN, posas el dedo sobre un sensor cuadrado ubicado en la superficie de la tarjeta. La huella se lee en décimas de segundo y el pago se autoriza. Sin código, sin teclado, sin posibilidad de que alguien te espíe los dígitos por encima del hombro.

Por qué es más seguro que el PIN

La clave del nuevo sistema no está solo en la comodidad sino en la naturaleza de la autenticación. Un PIN de cuatro dígitos puede copiarse, adivinarse o robarse mediante técnicas de phishing o cámaras ocultas en cajeros. Una huella dactilar, no. Nadie puede hacerse con tu huella dactilar de la misma manera.

Pero hay un elemento adicional que refuerza la seguridad del sistema: la huella dactilar nunca abandona la tarjeta. La información biométrica no se transmite al comercio ni al banco en el momento del pago. Se procesa localmente en el chip de la propia tarjeta y no deja rastro fuera de ella. Eso elimina uno de los principales vectores de robo de datos en los pagos digitales: la interceptación de información durante la transmisión.

Un proyecto en fase inicial pero con potencial global

El sistema todavía está en sus primeras fases de desarrollo y su implantación actual está muy limitada al mercado francés. Pero si las pruebas resultan exitosas, el modelo podría convertirse en el nuevo estándar internacional de seguridad en tarjetas bancarias, con potencial para extenderse a todos los mercados donde operan estos bancos y sus socios tecnológicos.

No sería la primera vez que Francia lidera una innovación en medios de pago que termina adoptándose globalmente. Y en un contexto en que el pago con tarjeta sigue ganando terreno al efectivo en toda Europa —España incluida— la presión por mejorar la seguridad de las transacciones no va a disminuir.

El PIN de cuatro dígitos ha funcionado bien durante décadas. Pero la huella dactilar integrada en la tarjeta parece una solución más robusta para los tiempos que vienen.

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