De parques de atracciones a góndolas por la pequeña Venecia: así se divertía la burguesía zaragozana

El Canal Imperial, el entorno de Plaza de los Sitios o el casino eran el punto de encuentro de la burguesía zaragozana
Las góndolas surcaron el Canal Imperial como elemento de ocio de la burguesía de Zaragoza / Proyecto GAZA
Las góndolas surcaron el Canal Imperial como elemento de ocio de la burguesía de Zaragoza / Proyecto GAZA

Zaragoza a comienzos del siglo XX era una ciudad en plena expansión. Con un gran crecimiento económico a causa de la industrialización, la capital aragonesa vivió una importante transformación urbana y económica con eventos como la Exposición Hispano Francesa de 1908, la urbanización de la Huerta de Santa Engracia, el paseo de Sagasta o el Paseo de Pamplona al estilo de los bulevares franceses, la llegada del modernismo, la construcción del Mercado Central...

Dentro de esa dinámica de crecimiento, la burguesía comercial e industrial jugó un importante papel para expandir la ciudad y dinamizar la vida social y cultural. Nuevos y espectaculares edificios para mostrar su poderío, cafés donde reunirse, grandes industrias en la periferia de la ciudad....

ASÍ SE DIVERTÍA LA BURGUESÍA ZARAGOZANA A PRINCIPIOS DEL SIGLO XX

Pero además de generar negocio y nuevos espacios donde vivir, la burguesía de esa renovada ciudad que avanzaba confiada en el siglo XX también demandaba espacios donde relacionarse, donde disfrutar de sus momentos de ocio, y sobre todo, donde ver y dejarse ver... Algo clave para un sector de la sociedad que estaba ocupando el lugar que antaño le correspondía a la nobleza y que deseaba enseñar lo bien que les iban las cosas.

Espectáculo de jota en el teatro del Petit Park. Al fondo, el Teatro Circo / Archivo Julio Requejo - GAZA

Entre esos espacios, en los primeros años del siglo XX destacó Petit Park, un recinto de ocio que reunía el concepto de parque de atracciones y un teatro al aire libre, con espectáculos y música en directo. Este recinto fue inaugurado en 1916 al estilo de otros parques que ya había por media Europa, y aunque en origen estuvo destinado al público infantil, en 1920 se reconvirtió en el Saturno Park, orientado hacia un público más adulto.

Estuvo en activo hasta 1925, cuando se urbanizó la zona, y desde su inauguración, fue el lugar de reunión de la alta sociedad zaragozana, recibiendo incluso la visita de la infanta Isabel de Borbón y Borbón en 1917.

Además de disfrutar de un parque de atracciones a precios que solo permitía el acceso de los más pudientes, la burguesía zaragozana de principios del siglo XX también gustaban de navegar en góndolas por el Canal Imperial de Aragón. Mientras que entre semana el canal era surcado por barcazas cargadas de productos agrícolas, lo fines de semana el canal era navegado por góndolas para que la burguesía pudiera dar paseos acuáticos.

Góndola Pignatelli, guiada por mulas /

En esa época, el canal recibió por parte de la burguesía el apodo de 'la pequeña Venecia". Y de ahí el nombre de los pinares de Venecia, del centro comercial Puerto Venecia, o de Parque Venecia. Las góndolas, (una de ellas estaba bautizada como Santa Cecilia y tenía forma de cisne), se dirigían desde Torrero hasta la Quinta Julieta, lugar emblemático citado por Sender en "Crónicas del Alba".

Esta quinta de recreo, destino de las góndolas de paseo, era un punto de encuentro de la burguesía zaragozana para merendar los fines de semana, y contaba con dos lagos para remar, cuevas artificiales e incluso una pequeña plaza de toros.

Además, los casinos también fueron punto de reunión de las élites zaragozanas de principios del siglo XX. El Casino Mercantil, uno de los edificios modernistas más importantes de la capital aragonesa, fue construido precisamente por esta clase social. En origen, el antiguo Casino Mercantil se instaló en alquiler en el palacio renacentista de los Coloma en 1875, siendo comprado por la sociedad que representaba al Casino, formada por un grupo de comerciantes y burgueses de la alta sociedad zaragozana e 1910. En 1912, comenzó la transformación del edificio construyendo su espectacular fachada modernista.

Con este edificio, la burguesía de la época quería tener su propia sede, y disponer de un casino propio para competir con el Casino Principal, instalado casi enfrente, en el Palacio de Sástago, y que servía de centro de reunión para la aristocracia aragonesa. Durante décadas, los salones del Casino Mercantil sirvieron de punto de encuentro de la alta burguesía, pero también de artistas, escritores y periodistas que participaban en tertulias. En 1923, incluso se celebró una cena en honor de Albert Einstein tras la conferencia que ofreció en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.