Miguel Fleta: el tenor aragonés que hizo historia en la ópera mundial
Si Aragón ha dado al mundo voces inolvidables, pocas alcanzaron la de Miguel Fleta. Nacido en Albalate de Cinca (Huesca) en 1897, pasó de cantar jotas en su pueblo a convertirse en uno de los tenores más famosos del mundo en los años veinte. Su vida, brillante y breve, lo situó en lo más alto de la ópera internacional.
De las jotas al Teatro Real
Los inicios de Fleta no estuvieron ligados a los grandes escenarios. Hijo de campesinos, empezó cantando en rondallas locales y pronto destacó por la fuerza y sensibilidad de su voz. Tras pasar por el Conservatorio del Liceo en Barcelona, debutó en 1919 en Trieste con la ópera Francesca da Rimini.
Su carrera despegó rápidamente: en 1922 debutó en el Teatro Real de Madrid y apenas un año después ya pisaba el Metropolitan Opera de Nueva York, donde interpretó papeles como Cavaradossi en Tosca.
La noche que lo hizo grande
El momento más importante de su carrera llegó en 1926, en el Teatro alla Scala de Milán. Allí, dirigido por Toscanini, Miguel Fleta fue el primer cantante en dar vida a Calaf en el estreno mundial de Turandot de Puccini. Aquella noche la ópera se detuvo justo donde el compositor había dejado inacabada la partitura, tras la muerte de Liù, y el público aplaudió con fuerza al tenor aragonés, conscientes de que estaban viviendo un hecho histórico.
Fleta era un tenor lírico-spinto, conocido por su capacidad de pasar de un susurro en pianísimo a una voz llena de potencia. Esa habilidad para emocionar con contrastes intensos aún puede apreciarse en sus grabaciones en discos de 78 rpm, que conservan parte de su estilo.
Un final prematuro
A finales de los años veinte, la carrera de Miguel Fleta empezó a apagarse. Los problemas de salud y algunos conflictos con el Metropolitan Opera de Nueva York frenaron su ascenso internacional.
En los años treinta regresó a España y también se acercó al mundo de la política: durante la Guerra Civil llegó a grabar el "Cara al sol". Su vida se truncó muy pronto, en 1938, cuando falleció en A Coruña a causa de una uremia, con tan solo 40 años.
El legado de una voz irrepetible
Aunque su carrera internacional fue corta, dejó una huella imborrable. Cantó papeles de Verdi, Puccini o Bizet, y también dedicó parte de su trayectoria a la zarzuela y a la jota aragonesa, que siempre llevó consigo. En más de una ocasión sorprendió al público internacional cerrando sus recitales con una jota.
En Aragón su nombre sigue vivo. Zaragoza le dedicó una de sus grandes avenidas, la Avenida de Miguel Fleta, en el barrio de San José. En su pueblo natal, Albalate de Cinca, se conserva su casa familiar como lugar de memoria. Y desde 1958 la Polifónica Miguel Fleta mantiene vivo su espíritu musical en la capital aragonesa.
Más recientemente, en 2024, RTVE estrenó el documental "Fleta, tenor, mito", que rescata grabaciones y testimonios sobre su vida y su importancia en la historia de la ópera.

