Zaragoza tuvo uno de los primeros cines sonoros de España: así era el Cine Parlante Coyne
A principios del siglo XX, Zaragoza se convirtió en escenario de una auténtica revolución tecnológica. El Cine Parlante Coyne, inaugurado en 1905 en la calle San Miguel, fue una de las primeras salas estables de cine en la ciudad y, además, pionero en la incorporación de sonido a las proyecciones.
Detrás de este proyecto estaba Ignacio Coyne Lapetra, un fotógrafo y emprendedor aragonés que supo ver el potencial del cinematógrafo como espectáculo.
Un zaragozano adelantado a su tiempo
Coyne había trabajado en fotografía y pronto quedó fascinado por las posibilidades del cine. No se limitó a proyectar películas mudas, sino que incorporó el sistema del “cronófono”, una técnica que sincronizaba el proyector con un gramófono, logrando que las imágenes se acompañaran de voces y música.
En una época en la que el cine sonoro todavía era un sueño, Zaragoza ya mostraba sus primeras proyecciones gracias a la iniciativa de Coyne. Este lugar se convirtió en uno de los lugares más animados de la ciudad, al que no solo acudían familias y estudiantes, sino también personalidades de la sociedad zaragozana de la época.
La aventura del Cine Parlante Coyne no fue solo obra de Ignacio Coyne. En 1905 se sumó al proyecto Antonio de Padua Tramullas, que había llegado a Zaragoza unos años antes y asumió el papel de operador técnico en cabina. En 1909 viajaron a Marruecos para filmar reportajes en plena guerra de Melilla y el Rif, imágenes de gran valor documental que posteriormente fueron distribuidas y exhibidas en varias capitales europeas.
Entre estos años, Coyne produjo diversos cortometrajes y documentales, destacando títulos como: Gigantes y cabezudos por la calle de Alfonso, Inauguración de la Exposición Hispano‑Francesa, Llegada de los Reyes a Zaragoza y Reportajes sobre la Guerra de Melilla y el Rif.
Y en torno a 1908, Coyne comenzó a recorrer diversas ciudades españolas con su “Cine Parlante”: Zaragoza, Huesca, Calatayud, Bilbao, Logroño, La Coruña, Ferrol, entre otras.
El final del Cine Parlante Coyne
El sueño del Cine Parlante Coyne se vio truncado en 1912 con la muerte prematura de Ignacio Coyne. Antonio Tramullas, quien lo había acompañado hasta ese momento, continuó su camino en el cine con su productora Sallumart Films, filmando reportajes y obras de ficción, como El diablo está en Zaragoza (1921) o documentales agrícolas como Los Grandes Riegos de Aragón (1915).
Aun así, su huella fue profunda: abrió camino a nuevas formas de entender el cine y situó a Zaragoza en el mapa de la innovación audiovisual de principios del siglo XX.