Aragón sí tiene 'mar' y no son las playas de Salou: está pegado a Zaragoza
En pleno corazón de Aragón, a muy pocos kilómetros de Zaragoza, se extiende un tesoro natural que para muchos visitantes sigue siendo todo un secreto, es conocido como el 'Mar de Aragón'. Se trata de un inmenso embalse cuya costa parece no terminar nunca, un paraíso oculto que ha enamorado a aquel que lo visita.
Pese a estar a medio camino entre el Mediterráneo y la meseta interior, el Mar de Aragón ofrece más de 500 km de costa interior, 100 navegables, un entorno natural espectacular y un abanico de actividades al aire libre para todos los gustos.
EL MAR INTERIOR NACIDO DEL EBRO EN LOS AÑOS 60
El origen del Mar de Aragón se remonta a la década de los 60, cuando la construcción de una gran presa hidroeléctrica en el curso del Ebro cambió para siempre el paisaje de la zona. Finalizada en 1964, la presa, impulsada por la compañía Enher, dio lugar al embalse de Mequinenza. La creación de este coloso de agua dulce anegó el antiguo pueblo de Mequinenza, cuyas ruinas aún descansan bajo sus profundidades.
Desde entonces, el embalse se ha convertido en un reclamo irresistible para británicos, alemanes y franceses que buscan algo más que sol y playa. Además de su impresionante extensión, el Mar de Aragón ofrece alternativas de ocio como travesías en lancha, rutas en bicicleta entre frutales y acantilados, y una rica biodiversidad. Los días de cierzo agitan sus aguas como si de un océano se tratara, sorprendiendo a quienes esperan encontrar solo calma.
Pescar siluros gigantes (algunos superan los 100 kilos) es uno de los principales atractivos que trae cada año a numerosos visitantes europeos, pero no es la única opción. En sus tranquilas aguas también se pueden alquilar kayaks, hidropedales, practicar esquí náutico, vela o paddle surf, todo ello lejos de las masificaciones turísticas. Espacios como el camping TAIGA Lake Caspe ofrecen alojamiento en bungalows, zonas de autocaravanas, piscinas, animación infantil y restauración, convirtiendo la escapada en una experiencia completa para familias y deportistas.
UN PARAÍSO NATURAL Y CULTURAL QUE SIGUE SORPRENDIENDO
Más allá de las actividades deportivas, el entorno del embalse es un refugio para la biodiversidad. Garzas reales, martinetes, nutrias y cormoranes conviven en un paisaje de carrizales, bosques de ribera y sierras rocosas. Aunque especies invasoras como el mejillón cebra suponen un desafío para su conservación, el Mar de Aragón sigue manteniendo su esencia salvaje y natural.
El componente cultural también tiene un peso especial en este rincón de Zaragoza. Bajo las aguas reposan pueblos desaparecidos como el viejo Mequinenza, cuya memoria se preserva en espacios como el Parque de la Memoria Jesús Moncada. A su alrededor, se encuentran vestigios de mausoleos romanos, arte rupestre declarado Patrimonio de la Humanidad y museos que narran la historia minera e hidráulica de la región, como el Museo de la Mina o el Museo de la Historia de Mequinenza.
Uno de los espectáculos naturales más impresionantes es el Aiguabarreig, donde confluyen los ríos Ebro, Segre y Cinca, formando uno de los mayores humedales interiores de la Península Ibérica. Así, el Mar de Aragón no es solo un destino para los amantes del deporte acuático o la pesca: es también una joya para los apasionados de la naturaleza, la historia y la cultura, un lugar que, poco a poco, está conquistando los corazones de Europa y que merece ser descubierto también por los españoles.
CÓMO LLEGAR AL EMBALSE DE MEQUINENZA
Llegar al Mar de Aragón es sencillo desde Zaragoza, solo basta con tomar la AP-2 en dirección a Lleida y desviarse hacia Mequinenza tras unos 90 kilómetros de recorrido. En poco más de una hora de viaje, se accede a este paraíso interior perfecto para una escapada de un día o un fin de semana.


