Lo evacuaron hace 50 años por un pantano y hoy es una escapada perfecta para otoño

Desalojado en los años 70 por la construcción de un embalse, este pueblo del Pirineo aragonés logró renacer décadas después y hoy es uno de los rincones más pintorescos del Valle de Tena.

Lanuza ./ Cima Norte
Lanuza ./ Cima Norte

En pleno Valle de Tena, rodeado de montañas y a tan solo 15 minutos de las estaciones de esquí de Formigal y Panticosa, se encuentra Lanuza, un pequeño pueblo oscense que se alza sobre las aguas del embalse que lleva su nombre. Situado a unos 1.280 metros de altitud, pertenece al municipio de Sallent de Gállego y ofrece una de las estampas más características del Pirineo aragonés.

UN PASADO MARCADO POR EL DESALOJO

La historia reciente de Lanuza está marcada por la construcción del embalse del río Gállego durante la década de 1970. La ejecución del proyecto obligó a los vecinos a abandonar sus hogares entre 1976 y 1978, ante la previsión de que el pueblo quedaría completamente inundado. Aunque las aguas solo cubrieron las zonas más bajas, la vida en la localidad se volvió inviable y sus cerca de 200 habitantes se vieron forzados a marcharse.

Durante más de una década, el pueblo permaneció abandonado y en ruinas. Las viviendas quedaron vacías y el entorno natural avanzó sobre las calles y construcciones. No sería hasta los años noventa cuando un grupo de antiguos vecinos inició un proceso de recuperación de las propiedades y la rehabilitación de las viviendas, lo que permitió devolver poco a poco la vida al lugar.

UNA NUEVA ETAPA

Hoy, Lanuza cuenta con unos 50 habitantes permanentes, aunque su población aumenta de forma notable durante los fines de semana y las temporadas turísticas. Gran parte de las casas se utilizan como alojamientos rurales y viviendas vacacionales, reflejo de la transformación del pueblo hacia un modelo basado en el turismo.

A nivel urbanístico, conserva el encanto arquitectónico del Pirineo, con construcciones de piedra y pizarra, calles empedradas y una cuidada rehabilitación que mantiene la estética tradicional. Destaca la Iglesia de El Salvador, levantada en el siglo XIX sobre un templo anterior y que preside el conjunto urbano.

CENTRO CULTURAL Y TURÍSTICO

Lanuza es hoy un referente no solo por su belleza, sino también por su papel cultural. Desde 1992 acoge el Festival Internacional Pirineos Sur, uno de los eventos musicales más reconocidos del verano en Aragón. Durante varias semanas, el escenario flotante instalado sobre el embalse reúne a artistas nacionales e internacionales y atrae a miles de visitantes al valle.

Además, el entorno ofrece múltiples alternativas de ocio y naturaleza. En los alrededores del embalse se pueden realizar rutas de senderismo, paseos en kayak o simplemente disfrutar de las vistas a la Peña Foratata, uno de los símbolos del Valle de Tena. En invierno, su proximidad a las estaciones de esquí lo convierte en una base ideal para los aficionados a los deportes de nieve.

UN EJEMPLO DE RECUPERACIÓN

Lanuza representa uno de los ejemplos más destacados de recuperación de pueblos expropiados en Aragón. Tras haber sido desalojado y prácticamente borrado del mapa, el esfuerzo de sus antiguos vecinos y la atracción turística que genera su entorno han permitido que el municipio vuelva a tener vida, conservando su identidad y su historia.

Hoy, el reflejo de las casas sobre el agua y el silencio del valle recuerdan tanto el pasado difícil de la localidad como su renacer. Lanuza, aquel pueblo que estuvo a punto de desaparecer bajo el embalse, se ha convertido en un símbolo de resistencia y patrimonio recuperado en el corazón del Pirineo aragonés.

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