El pueblo cuna de nueve Justicias de Aragón que estuvo a punto de ser inundado por las aguas
Lanuza fue abandonado por sus habitantes en 1978 a causa de la construcción de un embalse. En los años 90 se revertió la situación y sus antiguos moradores comenzaron a rehabilitar el pueblo.
En el tramo final de la carretera que une Sabiñanigo y Biescas con Formigal y la frontera francesa, aparece de repente el pantano de Lanuza. Y a su orilla, se levanta un pueblo que es un auténtico milagro. Tras haber tenido que ser abandonado por sus habitantes para construir un embalse para regular las aguas del Gállego en los años 70, Lanuza ha vuelto a la vida gracias al tesón de una población que se resistió a ver morir su pueblo.
Lanuza, cuna de nueve justicias de Aragón, entre ellos Juan V de Lanuza, es uno de los pueblos más bonitos de todo el valle de Tena gracias a un cóctel único que mezcla arquitectura tradicional de fachadas de piedra y tejados de pizarra, altas cumbres que enmarcan el paisaje y las aguas de un pantano que por poco lo hace desaparecer y que hoy le dan vida. Pero esa postal de ensueño que podemos contemplar hoy estuvo a punto de irse al traste hace varias décadas.
EL ABANDONO Y RESURRECCIÓN DE LANUZA
La historia de Lanuza podría ser la de tantos y tantos pueblos del Pirineo que vieron como sus casas, los valles en los que vivían y su modo de vida desaparecían bajo las aguas tras levantarse una presa con la que embalsar agua. Todo comenzó en los años 70, cuando se anunció a los 200 habitantes del pueblo la construcción del embalse.
La cota del pantano estaba situada en 1.286 metros, y el pueblo estaba condenado de forma irremediable a ser inundado. Así, los últimos vecinos de Lanuza abandonaron el pueblo a finales de los 70, marchándose a localidades como Sallent de Gállego, Sabiñánigo o Jaca.
Finalmente, la cota máxima se quedó en 1.275 metros, y el agua solo inundó las casas más bajas del pueblo, además de zonas de pasto. La mayor parte del pueblo, ya deshabitado, quedó por encima de las aguas del embalse. Mientras tanto, y con el pueblo vacío, se vivió un expolio que hizo desaparecer puertas, rejas, elementos decorativos de la iglesia...
Tras décadas de abandono, los vecinos supervivientes y sus descendientes comenzaron a reclamar la restitución de las tierras y propiedades para poder volver. En 1992 la Confederación Hidrográfica del Ebro comenzó con la reversión de las tierras, y los vecinos fueron recuperando sus casas, tras comprar de nuevo por los terrenos un precio que se multiplicó hasta por doce con respecto a la indemnización que recibieron cuando tuvieron que abandonar sus hogares a finales de los 70.
Desde ese momento, Lanuza comenzó a revivir. Se rehabilitó la iglesia de San Salvador, el viejo ayuntamiento y también viviendas particulares. En la actualidad, hay más de 30 edificios rehabilitados a imagen y semejanza de las antiguas, y el pueblo se ha convertido en uno de los más hermosos de todo el valle. De hecho, la imagen de Lanuza, rodeado de montañas y con el embalse a sus pies, es de auténtica postal.
Una postal que atrapa a cuantos visitante se acercan hasta este rincón del Pirineo, incluyendo a los asistentes al Pirineos Sur, el Festival Internacional de las Culturas Pirineos Sur que se celebró por primera vez en 1992 y que ha convertido el escenario flotante del embalse de Lanuza en todo un referente.
Al margen de este festival, que se celebra en el mes de julio, una visita a Lanuza en cualquier mes del año siempre es una buena idea. Perderse por las calles de este coqueto pueblo con las fachadas en piedra con escudos y portadas decoradas con dinteles de medio arco resulta evocador.
Entre el caserío que desciende apiñado hacia las aguas del pantano destaca la iglesia de San Salvador. Este templo fue construido en el siglo XIX sobre el templo románico anterior. Y en su interior se guardan las reliquias de Santa Quiteria, la patrona de Lanuza. Durante el proceso de restauración, también se recuperaron otros elementos como la fuente o los bancales.
Tampoco hay que perderse la hornacina que Santa Quiteria tiene a la salida del pueblo (data de 1887, y quedó sepultada con la construcción del embalse siendo recuperada en 2006), y la Fuente del Fondanar, una fuente situada junto al lavadero que tiene un caño que sale de una piedra con forma de tambor de columna y que se halla cubierta por un arco de medio punto.
Si además de disfrutar de la arquitectura tradicional del pueblo quieres algo más de emoción, además de realizar marchas por las montañas circundantes, también existe la posibilidad de quedarse en el embalse y hacer paddle surf, hidropedales, windsurf, canoas o piraguas, o darse un chapuzón en verano en la zona habilitada junto al Embarcadero Suscalar, a medio camino entre Lanuza y Sallent de Gállego.