El pueblo de España donde más aragoneses van de veraneo: ni Salou ni Zarauz
Quienes este verano han elegido el mar como destino vacacional se han encontrado con una sorpresa poco habitual: la temperatura del agua. En enclaves como Salou (Tarragona), donde el Mediterráneo ha alcanzado los 29 grados, o en la playa de L’Almadrava, en Benicàssim (Castellón), que ha rozado los 30, bañarse recuerda más a una piscina climatizada que a la refrescante inmersión que suele buscarse en la costa. También en Peñíscola (Castellón), otro punto con aguas cálidas en plena temporada alta, los visitantes aragoneses siguen acudiendo en masa, fieles a una tradición que se remonta a los años setenta.
El destino preferido: Peñíscola
Peñíscola se convirtió hace más de medio siglo en la “playa de los aragoneses”. Desde entonces, generaciones de familias han repetido la costumbre de veranear en esta localidad castellonense, atraídos no solo por su mar y su clima, sino también por su ambiente, gastronomía y relativa cercanía con Aragón.
El peso de esta relación es evidente: según datos del Ayuntamiento de Peñíscola, Zaragoza es la ciudad española que más turistas aporta a la localidad, con casi un 13% del total de visitantes anuales. Basta pasear por sus calles o recorrer sus playas para encontrarse sombrillas y acentos de distintos rincones aragoneses, desde Utebo y Huesca hasta Alcorisa. Incluso hay bares como El Mañico, que lleva medio siglo dando la bienvenida a los veraneantes de Aragón con platos tradicionales de su tierra.
La fidelidad es aún más evidente en la vecina Benicarló, donde los aragoneses suponen el 18% de las consultas turísticas. En un año en el que el turismo internacional se ha reducido, la presencia de visitantes nacionales —y especialmente los procedentes de Aragón— ha resultado decisiva para mantener la actividad económica de la zona.
Motivos de una fidelidad
La conexión entre Aragón y Peñíscola no es solo turística: de los poco más de 7.000 habitantes censados, 245 son aragoneses, muchos con segundas residencias adquiridas en promociones que décadas atrás llegaron a estar copadas por familias de la comunidad. A esto se suma la costumbre de reservar apartamentos o habitaciones de hotel cada verano, lo que ha convertido el enclave en una prolongación de los pueblos y barrios de origen.
Además del clima, el mar y el ambiente familiar, la proximidad geográfica sigue siendo uno de los grandes atractivos: 238 kilómetros separan Zaragoza de Peñíscola, 278 Huesca y 220 Teruel. La reciente mejora en la N-232, en el tramo entre Ráfales, Monroyo y el límite con Castellón, ha facilitado todavía más el acceso.
Generación tras generación, los aragoneses siguen eligiendo Peñíscola y Benicarló como su refugio estival. A orillas de un Mediterráneo cada vez más cálido, mantienen viva una tradición que mezcla mar, cultura, cercanía y recuerdos familiares, convirtiendo a esta parte de la costa castellonense en un pequeño “Aragón junto al mar”.


