El pueblo fronterizo de Teruel que esta lleno de piscinas naturales cristalinas
A orillas del río Algars, en plena frontera entre Aragón y Cataluña, se encuentra Lledó, un pequeño municipio de la comarca del Matarraña. Rodeado de olivos, viñedos y una riqueza paisajística difícil de igualar, este pueblo turolense se ha convertido en uno de los destinos más codiciados de la conocida como “Toscana aragonesa”.
Pero más allá de su encanto rural y su patrimonio arquitectónico, Lledó es el sitio al que ir si quieres escapar de la ola de calor gracias a sus piscinas naturales cristalinas.
ASÍ SON LAS PISCINAS NATURALES DE LLEDÓ
El mayor reclamo turístico de Lledó está escondido en el cauce del río Algars, donde la erosión del agua sobre la roca ha formado pozas y escalones naturales que funcionan como auténticas piscinas al aire libre. Bajo la antigua Vía Verde Val de Zafán, una de estas pozas se convierte cada verano en un improvisado solárium natural. El agua baja fresca, clara, y tranquila.
Avanzando unos metros río arriba, en dirección al vecino Arens de Lledó, aparecen nuevas pozas más pequeñas y recónditas. Allí, la corriente se suaviza y crea pequeñas playas de piedras donde darse un baño tranquilo es casi un acto meditativo.
Una de las más singulares es la poza del Galeró, situada a casi un kilómetro del pueblo, siguiendo la carretera hacia Horta de Sant Joan.
UN PUEBLO PEQUEÑO CON UN PATRIMONIO ENORME
Más allá del baño en el río, Lledó ofrece un paseo por la historia a través de su pequeño pero valioso patrimonio. En pleno centro se levanta la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol, una robusta construcción gótica del siglo XIV. Cerca, el edificio del Ayuntamiento de 1610, de estilo renacentista, se adapta con elegancia a la pendiente del terreno y marca uno de los accesos medievales al casco urbano.
En las afueras del pueblo, destaca la Ermita de Santa Rosa de Viterbo, de estilo barroco y levantada en el siglo XVIII.
NATURALEZA, RUTAS Y ESCAPADAS EN LA FRONTERA ENTRE DOS TIERRAS
La ubicación de Lledó, a medio camino entre Aragón y Cataluña, le otorga una riqueza natural y cultural única. Desde el pueblo es posible emprender la ascensión a las Rocas de Benet, una ruta sencilla de apenas 45 minutos a pie, pero que recompensa con unas vistas inigualables de toda la comarca del Matarraña y la vecina Terra Alta.
El río Algars, cuyo nombre significa “la cueva” en árabe, recorre unos 70 kilómetros desde su nacimiento en la Paridora hasta desembocar en Nonaspe. A lo largo de ese trayecto, su paso por Lledó es uno de los más espectaculares, tanto por su valor ecológico como por las posibilidades recreativas que este ofrece.
Además para quienes buscan un buen sitio donde comer tras un día de excursión o baño, el Bar Municipal de Lledó, en la calle Carretera, s/n, es una de las mejores opciones de la zona.


