Este idílico pueblo cerca de Aragón vive constantemente al borde del abismo: a 50 metros
Situado sobre un acantilado de vértigo y envuelto por un paisaje de origen volcánico, este pequeño municipio catalán de poco más de mil habitantes se aferra literalmente a la roca, provocando una panorámica que ha sido objeto de miles de fotografías. Lo que lo convierte en una visita imprescindible no es solo su extraña ubicación, sino también la curiosa historia de este pueblo, su paisaje y la autenticidad que lo rodea.
UNA MARAVILLA NATURAL COLGADA SOBRE EL VACÍO: CASTELLFOLLIT DE LA ROCA
La ubicación de Castellfollit no es una simple casualidad o elección, sino el resultado de un proceso geológico que se remonta a cientos de miles de años. El pueblo está asentado sobre una colada de lava solidificada, formada por dos erupciones volcánicas que dieron lugar a un espectacular risco de basalto. Esta plataforma natural ha sido moldeada naturalmente durante milenios, gracias a los ríos Fluvià y Toronell, que fluyen a ambos lados y han ido cincelando poco a poco el acantilado que hoy sostiene las viviendas.
El resultado de este proceso es un muro natural de más de 50 metros y casi un kilómetro de longitud, sobre el que se alzan casas de piedra que, desde la distancia, parecen suspendidas en el aire. Una imagen que fascina a los turistas que visitan la localidad y que ha convertido a Castellfollit en uno de los pueblos más singulares de toda Cataluña e incluso de España.
QUÉ VER EN CASTELLFOLLIT DE LA ROCA
No solo basta con ver este pueblo desde lejos, que suele ser la foto habitual de los turistas. Pasear por el casco antiguo debería ser también parte importante de una escapada a esta localidad catalana. Las calles empedradas y estrechas conducen al visitante hasta la iglesia de Sant Salvador, una construcción que corona el risco y desde cuyo mirador se obtiene una panorámica imponente del valle. Aunque su estructura actual es del siglo XVIII, aún conserva elementos de su origen medieval.
Uno de los puntos más impactantes del recorrido es el mirador tras la iglesia, desde donde se observa con claridad la verticalidad del acantilado y el entramado de casas que parecen asomarse peligrosamente al vacío. Esta imagen ha sido portada de revistas y objeto de cientos de postales.
Para quienes buscan experiencias más inmersivas, el entorno del Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa ofrece rutas senderistas de gran valor ecológico. La conocida Ruta de los Volcanes atraviesa antiguos cráteres, bosques de hayas y robledales que cambian de color según la estación.
Además, Castellfollit acoge el Museo del Embutido, donde se rinde homenaje a la tradición charcutera local. Es una oportunidad perfecta para conocer la historia gastronómica de la comarca y probar algún que otro producto artesanal de la zona.
DÓNDE COMER EN CASTELLFOLLIT DE LA ROCA
Aunque pequeño, el pueblo cuenta con varios establecimientos recomendables para hacer un parón en tu visita. Uno de los clásicos es Fonda Ca la Paula, donde se pueden degustar platos tradicionales en una de las plazas principales del pueblo (Plaça Sant Roc, 3). Otra opción muy valorada por los visitantes y con una propuesta que le gusta a prácticamente todo el mundo es la Pizzeria Basàltica, ubicada en Carrer de l'Esglesia.
CÓMO LLEGAR DESDE ARAGÓN
Castellfollit de la Roca se encuentra aproximadamente a tres horas y media en coche desde Zaragoza, lo que lo convierte en una escapada ideal para un fin de semana largo. La ruta más directa es tomar la AP-2 dirección Lleida y continuar hacia Girona por la C-25 y luego la A-26, saliendo hacia Olot. Desde allí, apenas 10 minutos separan al visitante de esta joya encaramada al precipicio.
Si vas a la Costa Brava, a destinos como Calafell o Begur, ir en el día a ver este pueblo es uno de los mejores planes que puedes hacer para completar tu viaje, ya que está al lado.


