No es Alhama: el desconocido pueblo con castillo medieval y un manantial cristalino

Con menos de una docena de habitantes en los años 80, ha logrado convertirse en un ejemplo de recuperación patrimonial, cultural y turística en la provincia de Zaragoza.

Anento ./ Aragón en Familia
Anento ./ Aragón en Familia

Anento, situado en la comarca del Campo de Daroca, es un ejemplo vivo de cómo la voluntad vecinal puede transformar el destino de una localidad condenada al abandono. A principios del siglo XX, Anento era un pequeño núcleo agrícola con algo menos de 400 habitantes. Sin embargo, como tantas otras zonas rurales, sufrió una pérdida demográfica constante. En 1981, su población había caído a solo 11 vecinos. Lejos de desaparecer, el pueblo apostó por su rehabilitación integral. Hoy luce un casco urbano de trazado medieval, casas tradicionales perfectamente restauradas y una oferta turística que lo ha devuelto al mapa.

Aunque su historia no está plagada de grandes gestas, sí guarda episodios relevantes. En torno al año 200 a. C., ya existía un asentamiento celtíbero en la zona, como demuestra el torreón de San Cristóbal. Durante siglos formó parte de la Comunidad de Aldeas de Daroca, una singular entidad creada en 1248 que otorgaba cierto grado de autogobierno a decenas de pueblos del entorno. Esta estructura duró hasta bien entrado el siglo XIX.

En 1357, tropas castellanas incendiaron Anento en el marco de la guerra de los Dos Pedros, un conflicto entre Aragón y Castilla. El castillo, del que aún quedan restos visibles, fue entonces utilizado como refugio. Desde entonces, la vida en el pueblo discurrió con calma, centrada en la agricultura, la ganadería y el comercio de proximidad. El siglo XX supuso una larga decadencia, hasta que el esfuerzo colectivo permitió la recuperación total del casco urbano y la activación del turismo como motor económico.

QUÉ VER EN ANENTO: ARTE, NATURALEZA Y SILENCIO

Uno de los principales reclamos del municipio es la Iglesia de San Blas, construida en el siglo XIII con mampostería y estructura románica. Su pórtico gótico del XIV y las pinturas murales del interior la convierten en uno de los templos más interesantes de la provincia. Pero lo más valioso es su retablo mayor del siglo XV, atribuido al maestro Blasco de Grañén. Por su tamaño, conservación y calidad artística, está considerado uno de los más destacados de Aragón. Junto a él, destacan tres retablos menores en las capillas laterales.

Además de la iglesia, el visitante puede acercarse a la ermita de Santa Bárbara, un pequeño edificio con retablo dedicado a la Virgen, y al castillo de Anento, situado sobre un tozal de tierra rojiza. Aunque solo se conserva parte del muro oriental, el foso y algunas torres, la visita merece la pena por las vistas y el valor simbólico del lugar.

Muy cerca del núcleo urbano, el entorno natural ofrece otro de los grandes atractivos: el Aguallueve, un manantial que brota de la roca caliza formando pequeñas cascadas y cortinas de agua. Rodeado de musgo y vegetación, es uno de los rincones más fotogénicos de la comarca y una parada obligada para los que buscan disfrutar de la naturaleza con calma.

Anento, hoy declarado uno de los pueblos más bonitos de España, ha conseguido pasar de la desaparición al reconocimiento gracias a la implicación vecinal, la apuesta por la cultura y la puesta en valor de su patrimonio. Un lugar discreto, pero con identidad, que demuestra que el turismo rural también puede construirse desde la autenticidad.

Comentarios