Qué ver en Santander en 48 horas: del Sardinero a la Magdalena y el Centro Botín
Santander lo tiene todo. Mar, montaña, verde, edificios elegantes, playas únicas, una gastronomía de excepción con el marisco el pescado y la carne como grandes protagonistas... La capital de Cantabria siempre ha tenido ese punto elegante de las ciudades norteñas que tanto nos gusta. Y de hecho, aún guarda ese punto aristocrático que desarrolló en la épocas en las que Alfonso XIII y Victoria Eugenia veraneaban en el palacio de la Magdalena para tomar 'baños de ola'
Allí es precisamente, donde iniciaremos nuestra visita a Santander. El palacio de la Magdalena, actual sede de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, se levanta orgulloso en la península del mismo nombre. Pasear por esta península que abraza y protege a la bahía de Santander, en esa simbiosis entre mar y tierra, es una auténtica delicia que solo puede culminar con una visita al interior del palacio, donde se puede disfrutar de estancias como el Hall Real.
Para recorrer la península hay varios caminos, aunque el más transitado es que la circunda, con magníficas vistas al mar. Desde la Península se puede acceder directamente a las playas de la Magdalena, y de los Bikinis. Esta última playa se llama así desde finales de los años cincuenta por ser el primer lugar donde se pudo ver esta prenda de baño en los cuerpos de los estudiantes y turistas extranjeras.

LA PLAYA DEL SARDINERO, LA MÁS FAMOSA DE LA CIUDAD
Al otro lado de la península, se extiende elegante la playa del Sardinero. O mejor dicho, la sucesión de playas, como la del Camello, la de la Concha, o la Primera y la Segunda Playa del Sardinero. Así hasta conforman esta sucesión de 1.700 metros de playas que se abren al mar entre jardines como los de Piquío o del Doctor González Mesones, y edificios de fachadas históricas que recuerdan el esplendor de una ciudad burguesa y aristocrática, como el Gran Casino Sardinero, el Hotel Real o el Gran Hotel Sardinero. Cerca de El Sardinero también está el Parque Atlántico de las Llamas, el gran pulmón verde de la ciudad, o el parque de Mataleñas (con rutas de senderismo, vistas espectaculares del Cantábrico, y zonas de picnic) y el Faro de Cabo Mayor, con unos acantilados espectaculares y un centro de arte.
Al otro lado de la Magdalena, y tras atravesar el icónico palacio de Festivales, llegamos al paseo de Pereda, la avenida más emblemática de la ciudad gracias a sus elegantes edificios y al paseo arbolado que recorre el muelle hasta Puertochico. En los jardines, como siempre, el tiovivo no para de girar desde hace décadas.
Allí, muy cerca de la sede histórica del Banco de Santander, se levanta uno de los nuevos iconos de la ciudad: el Centro Botín, un centro que tiene una estructura flotante que parece elevarse sobre el mar. Diseñado por Renzo Piano, premio Pritzker de Arquitectura en 1998 que se ha convertido en todo un motor cultural y económico de toda Cantabria.

Muy cerca del Centro Botín, se levanta la catedral de Nuestra Señora de la Asunción. El conjunto de la catedral está compuesto por dos templo supuestos. En la parte inferior, se encuentra el templo del Santísimo Cristo, de principios del siglo XIII, edificado sobre unos baños romanos. Sobre este templo, se levanta la catedral, reconstruida tras el pavoroso incendio que asoló la ciudad en 1941, del que salvó un hermoso claustro gótico.
Tras visitar la catedral, merece la pena perderse por el centro de la ciudad para disfrutar de sus calles y de su rico comercio, llegando hasta la plaza Porticada o plaza Pedro Velarde, una plaza de estilo neoherreriano que articula esta parte de la ciudad. Muy cerca, podemos visitar también el Mercado del Este, un mercado decimonónico construido entre 1839 y 1842 que tiene una amplia oferta comercial y gastronómica, además de acoger el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria. Hablando de mercados, tampoco hay que dejar de visitar el Mercado de la Esperanza, perfecto para coger el pulso de la vida en la ciudad entre mariscos, frutas, carnes y pescados.
Muy cerca, están la iglesia de Santa Lucía y la plaza Plaza Cañadío, un lugar ideal para tapear de bar en bar, comenzando por el Cañadío (atención a su pincho de tortilla, uno de los más famosos de la ciudad). Para comer bien, tampoco te puedes perder en Puertochico la zona conformada entre el Paseo de Pereda, y las calles del Sol, Lope de Vega y Casimiro Sainz. Entre los restaurantes icónicos, hay direcciones como Bar del Puerto y Bodegas Mazón.