Atalaya Generación impulsa los parques eco-industriales como eje de la transición energética
La empresa aragonesa desarrolla soluciones basadas en energías renovables y almacenamiento para acercar la generación energética a la industria, fomentar el autoconsumo y reforzar la competitividad del tejido productivo.
Desde su fundación en 2015 por los emprendedores aragoneses Miguel Ángel Franc y Pedro Machín, Atalaya Generación ha mantenido un firme compromiso con el desarrollo de un modelo energético más sostenible, eficiente y respetuoso con el entorno. Con una clara vocación innovadora, la compañía promueve y desarrolla proyectos de generación de energía renovable, tanto para su conexión a red como para el autoconsumo, con un objetivo esencial: aumentar el grado de autoabastecimiento energético del territorio y contribuir activamente a la descarbonización del sistema energético.
La misión de Atalaya se apoya en una premisa básica: la energía debería consumirse cerca de donde se genera. Con esta idea, la empresa ha orientado parte de sus esfuerzos a trasladar el concepto de autoconsumo renovable al ámbito industrial, especialmente a los sectores más intensivos en consumo eléctrico. Para lograrlo, integra tecnologías de generación con sistemas de almacenamiento, con el fin de diseñar soluciones energéticas que garanticen la cobertura de la demanda de forma eficiente, estable y sostenible.
QUÉ SON LOS PARQUES ECO-INDUSTRIALES
Este enfoque se traduce en el desarrollo de los llamados Parques Eco-industriales, un modelo que toma como base la definición de la Agencia Internacional de Energía: comunidades de empresas que cooperan en la gestión de recursos para mejorar su rendimiento ambiental, económico y social. Lejos de tratarse de un concepto nuevo, el primer parque eco-industrial surgió en Dinamarca en 1989. Sin embargo, su aplicación en España cobra especial sentido en el contexto actual de transición energética y transformación del tejido industrial.
En estos parques, la generación renovable y los sistemas de almacenamiento se combinan para ajustar la producción a las necesidades específicas de cada polo industrial, especialmente aquellos con alta demanda eléctrica. Este acoplamiento permite que la energía limpia sustituya a los combustibles fósiles, reduciendo así la huella de carbono de las empresas, fortaleciendo su competitividad y mejorando su imagen pública.
La iniciativa se equipara con la estrategia europea para el desarrollo de distritos energéticos de balance cero (Net-Zero Energy Districts) y distritos de energía positiva (Positive Energy Districts), inicialmente pensados para entornos urbanos, pero con un alto potencial de transferencia al ámbito industrial. Según ATALAYA, estos modelos pueden servir para atraer nuevas industrias electrointensivas a territorios que ya disponen de instalaciones de generación renovable, ampliando así el impacto socioeconómico de la transición energética.
Para reforzar esta línea de trabajo, la compañía colabora desde 2021 con José María Yusta, catedrático de la Universidad de Zaragoza y doctor en Ingeniería, con quien impulsó la Cátedra de Parques Eco-Industriales. Este espacio de investigación aborda múltiples dimensiones del fenómeno: desde la optimización de la operación de las instalaciones renovables hasta la interacción con la red eléctrica y el análisis del marco normativo, tanto europeo como nacional y autonómico.
NORMATIVA: EL GRAN RETO
Precisamente, la normativa se presenta como uno de los grandes retos para la consolidación de este tipo de infraestructuras. Si bien la tecnología necesaria ya existe y ha demostrado su viabilidad, el desarrollo regulatorio que permita su implementación a gran escala aún avanza con cierta lentitud. En este sentido, la reciente aprobación de la Ley 5/2024, de 19 de diciembre, en Aragón, supone un hito importante. La norma, orientada a fomentar las comunidades energéticas y el autoconsumo industrial, incorpora los principales conceptos europeos necesarios para el desarrollo de parques eco-industriales en la comunidad.
No obstante, su aplicación efectiva depende de la comisión bilateral de negociación entre el Gobierno de Aragón y el Ejecutivo central, de la que aún deben salir los acuerdos que doten de operatividad a este marco. En este sentido, Atalaya confía en que el amplio consenso político y social que acompañó la aprobación de la ley se traduzca en resultados concretos que impulsen el desarrollo del modelo.
UNA APUESTA POR EL TERRITORIO
La apuesta de la compañía no es solo energética, sino también territorial. La propuesta de Atalaya implica revertir en el entorno local los beneficios de las fuentes renovables, generando empleo, fortaleciendo el tejido empresarial y atrayendo nuevas inversiones. En zonas con problemas de despoblación, la implementación de estas infraestructuras energéticas puede convertirse en un instrumento clave para dinamizar la economía y fijar población.
Asimismo, acercar los centros de consumo a la generación energética permite aumentar la eficiencia y la resiliencia del sistema eléctrico, reduciendo la necesidad de inversiones en redes de transporte y distribución, y facilitando la adaptación del sistema a los requerimientos derivados de la descarbonización.
En definitiva, el modelo de parque eco-industrial que defiende Atalaya representa una vía sólida para avanzar hacia una industria más sostenible, competitiva y comprometida con su entorno. Una fórmula que, si encuentra el respaldo normativo necesario, puede convertirse en una palanca de transformación tanto para el sistema energético como para la economía productiva de numerosos territorios.
* Este artículo forma parte del Especial Sostenibilidad 2025. Ver especial completo aquí.