La alfombra de Ponteareas cumple su sueño: la Virgen del Pilar pasa por primera vez sobre su tapiz floral
Zaragoza ha despertado hoy con su rito más querido. A las 6.30, el grupo Las Costureras Malotas ha inaugurado la Ofrenda de Flores a la Virgen del Pilar, poniendo en marcha un desfile que, según la organización, volverá a batir registros de participación. Desde primera hora, ramos, centros y canastillas han tejido el manto floral que cada 12 de octubre convierte la Plaza del Pilar en un paisaje de colores y devoción.
Un 12 de octubre de emoción… y de pequeñas historias
Más allá de las cifras, la jornada deja cada año un reguero de anécdotas y curiosidades: familias que repiten recorrido generación tras generación, peñas que cuidan con mimo su indumentaria, grupos que estrenan guiños en sus arreglos florales o visitantes que cumplen una promesa ante la patrona de Zaragoza.
El sonido de las jotas, los trajes tradicionales y el trasiego de voluntarios completan una estampa que vuelve a ensanchar la plaza a golpe de emoción.
La “espina” que por fin se quitó Ponteareas
Entre las historias de este año destaca la de la Asociación de Alfombristas de Ponteareas (Pontevedra), que ha visto cumplido un deseo perseguido desde hace años: que la imagen de la Virgen del Pilar pasara sobre su alfombra.
Su presidente, Miguel García, recordaba que en 2019 confeccionaron una obra efímera en otra ubicación y la Virgen no pudo pasar por encima. “El año pasado estuvimos en Córdoba y no pudo ser, pero este año hemos conseguido venir y traer esta alfombra floral especial”, celebraba.
Una alfombra con firma gallega y corazón aragonés
La pieza de los alfombristas gallegos, realizada con flores y materiales naturales, adoptó forma de estrella. En el motivo central, la Virgen y el Niño; alrededor, dos franjas entrelazadas, roja y amarilla, en referencia a los colores de la bandera de Aragón. El conjunto, minucioso y vibrante, ha arrancado aplausos a su paso y ha dejado una de las imágenes más simbólicas del día.
Conforme avanza la mañana, la estructura central de la Ofrenda suma capas y texturas: claveles, gladiolos, rosas y demás variedades aportadas por más de mil grupos —parroquias, asociaciones, cofradías, peñas, compañías de danza, colegios y colectivos de toda procedencia—. El resultado, un manto coral que es tanto obra colectiva como espejo de la identidad zaragozana.
